Peregrino, un viaje hacia la humanidad y adentro

“El personaje de hoy no será el de mañana; y si así lo fuera, algo habrá cambiado la víspera”; afirma José Brito, uno de los actores y también el responsable de la dirección artística y puesta en escena. Foto: Yeilén Delgado Calvo

Es peligroso, y usual, confundir lo efectista con lo renovador. La irreverencia se espera en el arte, se requiere; pero por sí sola no se erige como un valor supremo, detrás debe haber pensamiento sólido, sugerencia, hondura.

La necesidad siempre creciente de crítica social y las carencias de algunas propuestas artísticas presentadas desde el compromiso con la Revolución son dos de las causas que nos suelen llevar a aplaudir las obras abiertamente incisivas, aunque no siempre sean tan buenas.

Por eso Peregrino, del proyecto Teatro Adentro, una puesta hecha desde una posición comunista, humanista, progresista sin poses, puede ser calificada de imprescindible en los tiempos que corren; porque nos recuerda que lo revolucionario es lo alternativo, que el arte comprometido, ese que estremece, no es parte de un ayer de la Revolución Cubana, y que también puede ser muy incisivo.

Verónica Medina, Elieter Navarro Hidalgo y José Brito aparecen en escena sin saber cuál de los tres personajes interpretarán esa vez. El azar lo decide; y ante el público se convierten en José Martí, Ernesto Che Guevara y Jesús de Nazaret.

No es una obra convencional, tiene un aliento ritual que la hace cercana y, a ratos, desgarradora. Cada actor-personaje formula al inicio una pregunta, diferente en cada representación, que contesta en cualquier momento a lo largo de ella. Tocará en el piso; sonará una campana; y compartirá la respuesta, casi epifanía, que ha hallado en ese proceso de inmersión hacia sí mismo.

Engarzadas con inteligencia y sensibilidad, son ideas de Martí, el Che y Jesús las que componen el texto.

Jose Brito, responsable de la dirección artística y montaje escénico, ha escrito sobre Peregrino: “Este espectáculo camina a esa parte del actor (…) donde arte y actitud ante la vida comulgan la misma suerte y se enraíza la sinceridad (…). Es el espectáculo donde actor y personaje se miran a los ojos para tocar juntos y conscientemente la humanidad que nos ahoga”.

Que en cada función los personajes se alternen (y que cada intérprete pueda desdoblarse perfectamente en ellos) parece decirnos que todas y todos llevamos dentro algo de esas figuras icónicas; el caso es qué parte prepondera o cuál dejamos salir. Y también nos recuerda que hay mucho de parecido entre ellos; y que a veces la rosa blanca, el fusil y el sudario deben coexistir en pos del amor por la humanidad, una pasión a ratos ingrata y dolorosa.

Peregrino huye de lo efectista, y también de lo cómodo. Su final nos alerta de que hay vidas dadas a la muerte que permanecen, sí, pero que su pérdida no haya sido inútil depende de los vivos de hoy.

No solo del lado de allá del escenario hay un viaje hacia adentro. Del lado de acá de la línea el espectador se busca, se pregunta a cuál de los tres está más ligado, con cuál comulga, para –quizá– terminar encontrándose en todos, y quedando de frente a recónditos significados personales cuando, por ejemplo, el Che contesta “levántate y anda” a “¿cómo puedo entregarlo todo?”.

Teatro Adentro es un proyecto de Villa Clara; y aunque los artistas locales no existen, tal vez no sea casual que salgan precisamente de allí hacia el mundo con tal carga de verdades. Queda luego de ver a esas dos mujeres y a ese hombre, y gracias a su talento, la sensación de no poderse desprender del enfrentamiento con las dudas, los miedos y la búsqueda de sentidos que ha tenido todo el que sabe que “mañana será muy tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo”.

Al final de la presentación, Verónica, Elieter y José nunca vuelven en busca de los aplausos; no vuelven porque realmente se han marchado Martí, el Che y Jesús, y no pueden regresar sino es dentro de nosotros. Solo una vez han roto el pacto, y fue el 14 de noviembre último, en el Parque Central, al final de la sentada de Los Pañuelos Rojos. Solo esa vez y el porqué es evidente.

Yeilén Delgado Calvo

amss/Tomado de Granma