Nuevos aires para el danzón

Foto: Miriel Santana

El danzón no ha muerto. Se sigue interpretando el danzón. Se sigue bailando el danzón. Se siguen componiendo danzones. Y hay muchos artistas, muchos estudiosos que honran con su trabajo cotidiano el patrimonio inmenso de ese género en Cuba.

La Orquesta Faílde, dirigida por el músico Ethiel Faílde, defiende la confluencia de la tradición y las nuevas sonoridades del danzón.

Por supuesto, no se puede pretender rescatar el importantísimo impacto popular del danzón hace unas cuantas décadas; porque los gustos, las necesidades, los esquemas de acceso a la música han cambiado. Y seguirán cambiando. Pero los valores musicales del danzón son indiscutibles. Y por lo tanto, siempre será ámbito para la creación. Eso está demostrado.

El debate sobre si debe o no debe ser el baile nacional de Cuba es secundario. Esa condición tiene que ver, sobre todo, con la historia. El surgimiento del género está muy relacionado con los procesos de consolidación de una cultura auténtica, nacida al calor de las necesidades de expresión de una identidad.

El danzón recogió esencias de un acervo y las integró en esquemas musicales provenientes de Europa. Fue una sonoridad nueva, una sonoridad cubana, que introdujo la riqueza del acorde popular en los salones más encumbrados. Por eso el danzón es símbolo de esta cultura.

Pero eso no significa que sea un objeto de museo, porque el danzón ha sabido adaptarse. Gracias a su riqueza se ha actualizado en la creación de músicos y agrupaciones contemporáneos.

Por lo tanto, no se trata de rescatar una tradición (tradición que haya que rescatar ya está muerta, dejó de ser tradición). Se trata de enriquecer esa tradición. Que el danzón siga siendo símbolo de la cultura de este país.

Yuris Nórido

amss/Tomado de Trabajadores

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