Cintio en la memoria (+Video)

Fina y Cintio, inseparables. Foto: Raúl López Sánchez

A Cintio Vitier, como a Fina García Marruz, empecé a leerlo a mediados de los años 60. De inicio me cautivaron sus estudios en torno a Martí; casi al mismo tiempo descubrí su poesía, los ensayos sobre otros poetas cubanos y también foráneos, así como los estudios referentes a cuestiones de poética, crítica y ética.

Más tarde, leí sus novelas. Varios lustros después mi desempeño literario y funciones laborales me aproximaron coyunturalmente a él. Con especial agradecimiento recuerdo su participación en el coloquio que en torno a Paradiso, de José Lezama Lima, nos congregó en 1991 en la Casa de la Cultura de Plaza para celebrar el aniversario 25 de la publicación de la referida novela.

Relacionar a Cintio y a Fina con Martí es para todos los cubanos una de las grandes imágenes asociativas de nuestra cultura. Ellos nos revelaron con fineza impar la belleza secreta de su obra y la jerarquía cósmica de su eticidad.

Otra experiencia memorable fue la invitación que, a nombre del Centro Provincial del Libro y la Literatura de La Habana (Cpllh), hice a Cintio en 1992 para que realizara en la Casa de la Cultura de Plaza un recital de su poesía y nos hablara de sus experiencias en el grupo Orígenes (contaríamos también con la presencia tutelar de Fina). Con ellos inaugurábamos las citas de Diálogo con…; nuevo espacio literario que habíamos concebido para mantener viva la comunicación entre escritores y lectores en medio del vacío de publicaciones surgido en los momentos cruciales del periodo especial.

Vienen a mi memoria la felicidad de Cintio y Fina, el entusiasmo y sencillez con que ambos acogieron nuestra solicitud. Fina, atenta a los detalles, me preguntó cómo se llamaría el espacio. Le dije que estaba diseñado, pero aún sin bautizar.

Añadí que aspirábamos a encuentros de buena literatura, con testimonios enriquecedores y diálogos fecundos. Enseguida me dijo: “¿Por qué no lo llamamos Diálogo con… la obra de tal autor?” Así nació aquel lejano día el nombre de la tertulia. Días después fue verdaderamente una fiesta innombrable escuchar a Cintio decir, con su tono distintivo y precisión idiomática, poemas esenciales de su obra y testimonios inéditos concernientes al grupo Orígenes.

La memoria estuvo siempre presente en las letras de Cintio. Constituyó uno de los motivos esenciales de su poética literaria, y con fuerza superior de su poesía; género donde se coligó a otros desvelos intelectivos del poeta, como el conocimiento, el tiempo y sus nexos ambiguos, complejísimos, con la realidad histórico-cultural, estética, cognitiva, creativa y social.

Algo se ha escrito sobre el tema, pero no lo suficiente. Si bien en todo gran poeta subyace esta aporía trascendental, en Cuba –y quizá también en América Latina– pocos como Cintio la convirtieron en centro o sustancia medular de sus versos. Sin duda, Vitier fue el testimoniante impar, el bardo más batallador en el afán por conseguir el instante fugaz donde el saber pareciera dejarse domeñar.

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Emmanuel Tornés

amss/Tomado de Granma

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