Olguita Díaz, el arte del magisterio

La soprano Olguita Díaz. Foto: Archivo de Granma

Hace pocos días supe la dolorosa noticia del fallecimiento de la querida y carismática maestra Olga Díaz. Sus hijos, Ivón y Juan Carlos, me darían la fatal confirmación unas horas después.

A Olguita la recuerdo en varios pasillos, aulas y escenarios; y también en encuentros más cercanos hace varios años, muchas veces al finalizar su peña en el Teatro Nacional.

Ella, siempre alegre, supo mantener una actitud firme ante la vida y el arte, aun a sabiendas del camino que le tocaría emprender cuando apostó todo por la música. Aunque nace en Santa Clara, su familia se muda a la capital e ingresa en la Universidad de La Habana a estudiar Derecho Civil en 1950; pero, una vez graduada, opta por no ejercer la profesión y decide matricular en el Instituto Musical “Luis E. Lecuona” y luego en el Conservatorio Levy. Allí pudo enamorarse del canto lírico gracias a maestros como Carmelina Santana, Francisco F. Dominicis, Zoila Potts, Lidia Valdés y otros; y comienza una carrera exitosa que se consolidaría con su aprendizaje, su histrionismo en escena y luego con su extraordinario magisterio por más de 50 años.

Durante esa etapa de sólida formación musical, Olguita formó parte de los coros de todas las temporadas de ópera de la Sociedad Pro Arte Musical entre 1956 y 1959; y en los estrenos en Cuba de las óperas Amelia va al baile, La solterona y el ladrón (G. Carlo Menotti), además de Il tabarro (G. Puccini).

Si recorremos su labor musical a inicios de la década de los 60, habría que mencionar su rol como fundadora del Teatro Lírico Nacional; así como sus interpretaciones en Luisa Fernanda, La Traviata, La verbena de la paloma, La leyenda del beso, La Bohème y muchas más.

En su preferencia interpretativa estuvieron las llamadas óperas de cámara como La Serva Padrona, Rita o La Médium. Pero sin duda el mayor legado que nos deja no solo recae en su paso por la interpretación; sino que es su labor pedagógica por diferentes niveles de enseñanza la que, inevitablemente, nos convida a recordarla.

Olguita Díaz formó parte del claustro de profesores de Coro y Dirección Coral de la Escuela Nacional de Instructores de Arte junto a Cuca Rivero, Cuqui Nicola y Alfredo Diez Nieto, entre otros; y en una época donde la enseñanza artística en Cuba poseía en varios inmuebles dos escuelas dividas en sesión diurna y nocturna. Fue Jefa de Cátedra de Canto en la Escuela Elemental Nocturna “Gerardo D. Guanche”, de Guanabacoa.

Notable fue su faceta como cantante ilustradora en el Instituto Superior de Arte y en la Escuela Nacional de Arte, donde sembró el amor por el canto a muchos de sus alumnos.

Hoy quiero finalizar con el homenaje del maestro Bernardo Lichilín, quien, a pedido de este cronista, ha referido lo siguiente: “Olguita, excelente profesora de canto e ilustradora que tuve la oportunidad de conocer en el Conservatorio de Guanabacoa; donde me asesoró en mi primera presentación con la Banda Nacional de Conciertos. Compartí excelentes momentos en su espacio cultural del Teatro Nacional. Agradezco su bondad, cariño, y gran fidelidad hasta el final de sus días”.

Oni Acosta Llerena

amss/Tomado de Granma

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