Como lo contó Robreño

Eduardo Robreño (1911 – 2001). Foto:Archivo de Granma

Poseía el privilegio de la memoria, el recuerdo impregnado de hechos, acciones, gestos, personas, cuanto hubiera hollado o pesado en la vida política, social y cultural de la nación, particularmente en La Habana, en sus teatros y plazas, tertulias y peñas. Memoria asistida por el don de la palabra, la narración precisa, el giro verbal sorprendente, el humor chispeante, la aguda revelación.

A 110 años de su nacimiento en La Habana, el 23 de septiembre de 1911, se extrañaría a Eduardo Robreño Duprey mucho más si no fuera porque una parte de su legado está en libros de notable impacto popular.

Quien recorra las páginas de Como me lo contaron, te lo cuento, hallará pequeñas grandes historias de todo tipo, vividas o escuchadas, de primera mano o sabrosamente sazonadas. El tiempo y espacio habaneros habitan las crónicas recogidas en Cualquier tiempo pasado fue… La cercanía abrasadora de alguien que nació, como se dice, entre diablas y bambalinas, revistas musicales y zarzuelas, se advierte en Y escrito en este papel y Como lo pienso, lo digo.

Su compromiso con la preservación de la memoria histórica de la escena cubana alcanzó una dimensión muy especial con la publicación, en 1961, de Historia del teatro popular cubano, prologado por Emilio Roig de Leuchsenring.

El sucesor de Roig en la Oficina del Historiador de la Ciudad, el inmenso Eusebio Leal, con su proverbial sentido de la justicia poética, honró a Robreño y a su fraterno Enrique Núñez Rodríguez al sugerir que ambos figurasen en el telón de boca del reconstruido teatro Martí; el de los sueños compartidos por tan singulares cronistas y hombres de la escena vernácula.

Otro modo de poner en actualidad la obra de Robreño transita por la ruta hacia el centenario de la radio cubana el próximo año. Fue esencialmente un hombre de la radio, desde finales de los años 20 del siglo pasado hasta casi el final de su vida en 2001. Tiempo habrá para relanzar al éter su palabra y decirle a los que no lo conocieron: aquí está Robreño.  

Pedro de la Hoz 

amss/Tomado de Granma

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