La imprudencia se paga con la vida

Foto: Tomada de Tribuna de La Habana

Duele escuchar al doctor Durán cuando anuncia la muerte de un menor de edad a causa de la COVID-19, un número más y una vida menos que se pierde por la imprudencia, esta -demostrado está- se paga con la vida.

Varias calles de los municipios de mayor incidencia al nuevo coronavirus tienen como protagonistas a niños y adolescentes que se exponen al contagio, ¿lejos del control de sus padres?, echando por la borda el esfuerzo y agotamiento de quienes queman sus pestañas en la producción de vacunas que contengan el impacto de la letal enfermedad.

Mucho se ha repetido sobre la necesidad de cuidarnos y respetar las medidas higiénico-sanitarias, es cierto, como también lo es el agotamiento mental tras el aumento continuo, acelerado y preocupante, de los casos positivos, activos y fallecidos.

En el caso de los menores de edad, se siente con más dolor, porque a ellos debemos cuidarlos y no todos lo hacen , como los padres de los menores que transitan o juegan en las calles sin llevar correctamente el nasobuso, incluso con la ausencia de este.

Ya estamos en etapa estival y en épocas normales ver a un niño correr sin preocupación por las calles está lejos de volver a ser nuestra realidad, porque ahora, quienes están en competencia son la vida y la muerte.

La velocidad del contagio es tan alta como la voracidad con la cual se apaga la vida bajo la cruenta enfermedad.

Ahí están las cifras, el nivel de enfermos en edades pediátricas resulta más que una advertencia, cuando miles de pacientes de ese segmento poblacional han resultado positivos al SARS-CoV-2 desde el primer reportado con el virus, el 21 marzo de 2020.

Evitemos lágrimas innecesarias. Cuidemos a nuestros niños y adolescentes, pongámosle corazón a ellos y a la vida. 

nyr/Tribuna de La Habana

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