En el adiós a las teleclases, un merecido reconocimiento

Foto: Rafael Fernández Rosell

Las actividades docentes televisivas concluirán este viernes, y justo es aplaudir y agradecer a aquellos que han ayudado a preservar la continuidad del curso escolar 2020-2021.

A pesar del fuerte azote de la COVID-19, se diseñó una amplia programación en la cual intervinieron los que prepararon las teleclases; los que diseñaron la parrilla televisiva; los que aún hacen posible cada trasmisión y quienes día tras día aparecen en pantalla, frente a las cámaras.

En varias ocasiones, los principales directivos del Ministerio de Educación -incluida la doctora Ena Elsa Velázquez, titular de la cartera- han reconocido el quehacer de esos docentes, que no son pocos, y para muchos de los cuales este ha sido su debut como teleprofesores.

Enfrentarse a lo desconocido constituye siempre un desafío, en este caso mucho mayor, puesto que la mayoría de las trasmisiones han sido en vivo.

Terminan las teleclases pero, como se ha dicho, esto no supone el fin de un año lectivo preservado contra viento y marea; ni habrá antes de las vacaciones de verano evaluación alguna allí donde, por la situación epidemiológica, fue necesario interrumpir las clases presenciales y emplear esa variante para continuar el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Con las teleclases, el próximo viernes concluirá una etapa de trabajo; meses intensos durante los cuales, no solo ese amplio grupo de docentes, sino los educadores cubanos en general, se han crecido para estar a la altura de las circunstancias y acompañar y atender, aun a distancia, a sus discípulos.

Muchas han sido las vías; y para asegurar la continuidad de los servicios educacionales se han combinado diferentes modalidades de atención educativa y el trabajo comunitario a nivel de consejos populares.

Teniendo en cuenta la situación epidemiológica y el esquema de vacunación de la población diseñado por las autoridades sanitarias, septiembre debe atestiguar el retorno a las aulas y la reanudación del curso escolar de manera presencial, en esa mayoritaria porción de la geografía cubana duramente golpeada por la pandemia.

Comenzará entonces una segunda etapa -tan o incluso más ardua que ésta a punto ya de concluir-, para garantizar el cierre del año académico 2020-2021 y la preparación del siguiente.

Hasta el 22 de enero se extenderá; y cuanto se haga en esas 19 semanas reservadas para la reanudación presencial, desarrollo y conclusión de las actividades docentes, se sustentará en las adaptaciones curriculares diseñadas para este curso escolar.

Implementarlas será tarea de cada institución educativa, sus directivos y maestros, que han de modelar una organización escolar que responda a las necesidades de los alumnos al hacer los ajustes y dosificaciones y al definir los tiempos y acciones para profundizar, consolidar, sistematizar y hasta introducir contenidos nuevos; de modo tal que los objetivos sean vencidos y los muchachos logren salir airosos de esta prueba.

María Elena Álvarez Ponce

amss/Tomado de Tribuna de La Habana con información de ACN

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