Optimismo, pero con realismo

Caricatura: Martirena

Pocas satisfacciones tan grandes y elocuentes hemos tenido en ya más de un año de pandemia como la que ahora mismo sienten el más de un millón de personas que comenzó su proceso de inmunización frente a la COVID-19 con alguno de los dos candidatos vacunales cubanos.

Los ensayos clínicos a gran escala que acontecen en varios territorios del país, incluyendo a la capital, llenan cada día de fotos y emotivos mensajes las redes sociales en internet, con la experiencia de quienes han emprendido ese camino.

Las fundadas esperanzas en la ciencia cubana para el enfrentamiento a la contagiosa enfermedad son basamento suficiente para ese optimismo que hoy tantas personas sienten al inocularse la vacuna o ver cómo lo hacen sus seres queridos más allegados.

No obstante, esa alegría no puede hacernos olvidar lo difícil que todavía resulta la situación epidemiológica del país, a punto casi de llegar a los mil fallecimientos desde el inicio de la epidemia en el país, y con elevadas cifras de contagios y personas hospitalizadas.

Ser optimistas no tiene nada que ver con mantener conductas temerarias, de franca negación del grave problema de salud que todavía confrontamos o de negligencia ante el propio proceso del ensayo clínico.

Cuando el optimismo no parte de una apreciación realista de cada circunstancia, se corre el riesgo del fracaso; como en aquel célebre personaje del Cándido, de la novela de Voltaire.

Es en este punto, por tanto, donde hay que conseguir equilibrar esa confianza en la vacunación, con el cuidado de las medidas individuales y colectivas ante el nuevo coronavirus.

Y no por reiterada, esta alerta deja de resultar esencial; porque no es difícil hallar diariamente en nuestros barrios y colectivos, actitudes de cierto relajamiento en esa disciplina que exige este momento.

Ni el agotamiento, ni un excesivo entusiasmo ante el avance de Abdala y Soberana pueden ser justificación para el descuido de las normas y protocolos. De hecho, nuestros especialistas explican una y otra vez que entre la primera y las siguientes dosis de los distintos candidatos vacunales, las personas deben extremar los cuidados.

Incluso, quienes ya empiezan a concluir con sus esquemas de inmunización, deben sentir también esa responsabilidad adicional del autocuidado como otro aporte adicional a su gesto altruista de participar en el ensayo clínico.

Vísteme despacio, que voy de prisa; reza un viejo proverbio que nos llama a la máxima precaución cuando ya alguien marcha por la recta final.

Y ese podría quizás ser el derrotero por el cual ahora andamos, donde la rápida y organizada intervención con nuestros candidatos vacunales nos permite cada día ver o publicar fotos y mensajes propios o de familiares y amistades que transitan por el proceso de inmunización; todos inyectados de un justificado optimismo, al cual hay que acompañar, necesariamente, de mucho realismo.

Francisco Rodríguez

amss/Tomado de Trabajadores

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