¿Sabemos enseñar valores en la familia? (+ Audio)

Foto: Tomada de Internet

Las familias deben fomentar valores sobre la vida y las relaciones humanas en tiempo de crisis social y carencia emotiva.

Cooperación, optimismo, creatividad y amor deberían formar parte de las prácticas diarias de muchas familias a su interior y durante su andar cotidiano por la comunidad.

La lucha para contener el coronavirus explica que en el ámbito de las relaciones sociales pueden encontrarse distinciones bien singulares en la camaradería del ser y hacer; cuando las personas logran percatarse que en la creatividad puede existir un espacio singular para reinventarse y enseñar a los demás, pero sobre todo para llegar alcanzar la ansiada integración social.

Esto quiere decir que deberíamos interrogarnos en los propósitos de los valores humanistas: ¿Cómo nos pensamos y soñamos al interior de las familias? ¿De qué manera pudiéramos ser más efectivos en lo que decimos y hacemos? ¿Cuál debería ser la participación en el hogar y fuera del entorno familiar? 

Varias familias han descubierto en la creatividad que pueden hallar fórmulas muy curiosas para intercambiar roles apostando por los juegos y las canciones preferidas. Otras se han dispuesto a ayudar a la comunidad sirviendo de mensajeros a las personas adultas y con riesgo de vulnerabilidad por estar enfermas. Y los más introvertidos llegaron a definir en sus proyectos de vida un nuevo motivo para soñar: desde casarse, comenzar a escribir un libro, cambiar los diseños del hogar hasta llegar a ser maestros de sus hijos; y algunos más atrevidos, probarse en la suerte de ser artesanos y agricultores en el barrio.

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También la necesidad de fomentar la práctica de estos valores despierta un interés mayor por el cooperativismo y el optimismo como lógicas discursivas de autoayuda familiar y como una motivación para los más jóvenes, que aún no han descubierto cómo optimizar el tiempo y dar una respuesta al revés de sus planes personales.

Compartir el espacio físico en medio de esta crisis espiritual y material como la que vivimos nos lleva a pensar con urgencia el ADN de las actividades cotidianas; aquellas tareas que unos miembros de la familia en casa terminan por rechazar y otros supuestamente tendrían que asumirla debido a los reiterados cánones de la filosofía patriarcal.

Este tiempo poseído por el distanciamiento físico promueve el hecho mismo de amar y establecer vínculos más afectivos, donde seamos capaces de dar y recibir. Es la esencia del valor humanista. Si logramos el vínculo entre todos los miembros de la familia en su conducta diaria y sentimientos más puros, estaremos dando un fuerte golpe a la fisura de los valores en la familia. 

Escuchar audio de este comentario del periodista Francisco Delgado Márquez aquí…

amss

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