Lázaro Peña

Foto: Tomada de Internet

Pobre y negro, en la base doliente de una pirámide de opresiones, vino Lázaro Peña al mundo hace 110 años, el 29 de mayo de 1911. Pero también vino decidido a soñar.

Y su sueño primero fue ser violinista, quizás imaginándose otro Paganini de piel oscura, como Brindis de Salas. Pero sus humildes manos no iban a estar predestinadas a las cuerdas y al arco, sino a las hojas torcidas del tabaco. Y torcedor se hizo tempranamente Lázaro, sin dejar de soñar.

Quizás ya no soñaría más con arrancarle sublimes melodías a un violín, sino con poner en su voz áspera y cálida vibrantes arengas que impulsaran a los trabajadores a la lucha por su emancipación. Y Lázaro comenzó a hacer realidad ese nuevo sueño.

Tanta inteligencia natural y tantas lecturas nutricias para su verbo elocuente y convincente, le ensancharon el camino hacia el liderazgo indiscutible -y también irrepetible- de quien se convirtiera por derecho propio en el capitán de la clase obrera cubana.

Y estaría Lázaro repartiéndose en las tabaquerías y los puertos, en las fundiciones y los centrales. Lázaro presencia junto al torcedor y el bracero, junto al fundidor y el azucarero. Lázaro también al lado del actor que concede su alma y su piel a cada personaje y del músico que vuelca su inspiración sobre una partitura.

Lázaro, el tenaz batallador del día tras día; y tan imprescindible en toda época, que hace 47 años Cuba no quiso enterrarlo como a un muerto, sino determinó plantarlo en sus entrañas como una fecunda simiente de futuro.

Ha de ser por eso, y no gracias a ningún milagro, que cada 29 de mayo Lázaro se levanta una y otra vez… y se echa a andar junto a nosotros.

amss

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