La cultura y los retos de la pandemia

Foto: Tomada de Grama

Suficientes catástrofes y guerras han venido a demostrar la capacidad del arte y la cultura para no ser sepultados.

El reto se plantea nuevamente desde hace algo más de un año: la COVID-19 supera los 3,5 millones de personas fallecidas en el mundo, y todo hace indicar que la cifra seguirá aumentando, mientras los artistas tratan de capear la marea para que la necesidad de sustento no los obligue a abandonar la razón de su existencia.

Pero está sucediendo en todas partes, ya que la responsabilidad de contener la propagación del virus obligó a cerrar puertas a museos, cines, festivales, teatros, además de disminuir la producción de las llamadas “industrias culturales”, todo lo cual da lugar a una cifra estremecedora, nacida de una encuesta: el 12 % de los artistas está considerando la posibilidad de dedicarse a otra cosa.

La Unesco lo ha dicho claramente: “Ha sido una crisis de proporciones devastadoras, que ha impactado en las industrias creativas y del patrimonio, y ha exacerbado las vulnerabilidades y las desigualdades del sector”.

Internet ha posibilitado que algunos eventos sigan celebrándose online –y nuestro país es un ejemplo al respecto– pero nunca es igual, sin perder de vista que poco menos de la mitad de la población mundial tiene acceso a la conectividad y a una proclamada diversidad cultural, que no es tal, por cuanto lo que predomina en ella es el dominio de un producto estándar promovido por las transnacionales culturales.

El número de ofertas no aumenta la diversidad cultural, sino que la manipula y se apropia comercialmente de ella, mientras hace disminuir las opciones de las culturas nacionales, barridas por una cruzada proselitista especializada en proclamar como “lo máximo” lo que la industria del entretenimiento acuña, un mecanismo que existía, pero que en tiempos de pandemia se ha convertido en oportunista.

Al mismo tiempo se impulsa una filosofía utilitaria empeñada en demostrar que en estos días de desasosiego y cuidados extremos para no enfermar, el público lo que está queriendo “consumir” es lo fácil y banal, alejado de cualquier requerimiento intelectual que obligue a pensar, de ahí el resurgimiento televisivo de un Hollywood de segunda que ya parecía estar arrinconado en un merecido sueño eterno.

Como pocos hubieran pensando, la pandemia ha golpeado fuerte al arte y la cultura. La humanidad, como otras veces, saldrá adelante. Lo imprescindible es hacerlo sin dejar demasiados jirones en el camino.

Rolando Pérez Betancourt

Tomado de Granma

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