La biblioteca del futuro

Foto: Trabajadores

Hace unas semanas, en una entrevista publicada en la edición impresa del periódico Trabajadores, Omar Valiño, director de la Biblioteca Nacional José Martí, ofreció una visión que nos parece meridiana: las nuevas tecnologías, que inciden por supuesto en la bibliotecología, en las ciencias de la información, no vienen a suplantar nada. Vienen a sumar, a facilitar, a posibilitar…

Por lo tanto, esa idea de que la biblioteca digital (a la que habría que sumar el inmenso cúmulo de información que hay en las redes) va a ocupar el lugar de la biblioteca convencional es tendenciosa, y ciertamente, ingenua.

Siempre hará falta jerarquizar, siempre hará falta catalogar, siempre hará falta preservar un patrimonio físico (porque el libro también es un objeto, y tiene valores en ese sentido) y un patrimonio literario.

Siempre será necesario contar con el hilo de Ariadna en ese laberinto cada vez más desafiante de la información. Porque en esa biblioteca infinita que era el mundo en la ensoñación de Borges, es imprescindible un bibliotecario, o sea, un guía; es imprescindible por lo menos para gran parte de los que se aventuren a recorrerla. Ya se sabe que hay personas que disfrutan sencillamente sumergiéndose en el conocimiento, sin atender pautas.

Dejemos la imagen poética. La cuestión es que las nuevas tecnologías, bien utilizadas, bien aplicadas, ofrecen posibilidades que lejos de obstaculizar, propician una mayor socialización del patrimonio literario. Y ponen a disposición de los bibliotecarios y de los usuarios herramientas muy útiles para la organización y el acceso a la información.

Por lo tanto, la biblioteca digital, virtual, y la biblioteca física, convencional, en realidad se integran, se complementan. Lo ideal (y creemos que con el tiempo será posible) sería que un usuario que resida lejos de la Biblioteca Nacional José Martí, por poner el ejemplo de nuestra más emblemática biblioteca, pudiera acceder a la mayoría de sus servicios sin necesidad de salir de su casa. Y los bibliotecarios tienen por delante el gran desafío de asumir esas dinámicas.

Yuris Nórido

amss/Tomado de Trabajadores

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