Gloria y escuela de Alicia Alonso

Foto: Tomada de Internet

Entre las grandes virtudes de Alicia Alonso encontramos su versatilidad, su genio para danzar y, asimismo, haber convertido el ballet en una expresión cabal de la identidad cubana. Esa virtud se ha distinguido, y ha sido reconocida, entre las más sobresalientes suyas. Porque Alicia bailó entre los cielos y sobre toda la Tierra Firme del planeta. A Alicia Alonso le hubiera bastado solo con bailar siendo, ella misma, un legítimo portador de la danza. 

Más allá de esa facultad indiscutible, innegable, Alicia Alonso tuvo el don –y lo esparció por numerosas latitudes– de bailar y, simultáneamente, de adentrarse con entrega y excelencia en el ejercicio de la coreografía hasta crear un estilo depurado a la altura de las más emblemáticas e inolvidables figuras. La intérprete de Fokine y Jerome Robbins, pasando por George Balanchine, fundó una significativa obra coreográfica en la que descuella la figura de Juana Borrero, la Virgen Triste, en La noche del eclipse (2010).

Hubiera bastado a la excelsa bailarina haber protagonizado, como sabemos, obras clásicas; o haber realizado coreografías sublimes y espléndidas que son hoy modélicas en cualquier estilo, en cualquier escenario, en cualquier compañía. Por otra parte, supo volcar su talento en el quehacer pedagógico al haber instaurado en la Isla la célebre Escuela Cubana de Ballet. Creo que es esta su gestión cumbre, porque en ella anida su esfuerzo individual asimilado a un colectivo. Alicia es el modo mismo de la compañía que formara, conformando a su vez a todas las generaciones de bailarines que la sucedieron dentro y fuera de Cuba.  Y, junto a los hermanos Alberto y Fernando Alonso, consolidó esa experiencia aclamada, como tal, en todo el orbe.

El libro, cuyo título se inspira en palabras de Juan Marinello, “Alicia Alonso: gloria y escuela; apuntes biográficos”, escrito, recopilado y anotado por el especialista Pedro Simón Martínez (Agabama, 1938) –fundador, en 1970, de la revista Cuba en el Ballet; y, en 1998, del Museo Nacional de la Danza– es un verdadero tesoro bibliográfico que introduce al lector común, y al avezado, en el mundo del ballet a través de la historia singular de Alicia Alonso. Figuras de la talla de Maurice Béjart, Antonio Gades, Galina Ulánova, Rudolf Nureyev, Arnold Haskell y Clive Barnes, entre otros, así lo confirman. 

Publicado el volumen por Ediciones Cubanas de Artex (2020) es no solo una extraordinaria síntesis de una inmensa carrera, sino una muestra fehaciente de esa incesante labor investigativa, confirmada aquí gracias a la sabia inclusión y al manejo exquisito de una iconografía excepcional.  Incesante promotor de la historia del Ballet, Pedro Simón Martínez ha recibido innumerables condecoraciones, entre las que se destacan la Medalla Alejo Carpentier, la Moneda del Centenario de José Lezama Lima, así como la Distinción por la Cultura Nacional, entre otras.

Nancy Morejón

amss/Tomado de Granma

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