Guillermo García García: “Mi historia comienza ahora”

Por/Osviel Castro Medel

Foto:Ismael Francisco González

Pocos saben que esa tarde del 4 de abril, después de su batazo decisivo en la 60ma. Serie Nacional de béisbol, Guillermo García García, vivió «una película». Se le cerraron los oídos, se le aceleró el corazón y le llovieron en ráfagas los recuerdos vinculados a su querida madre, Marina, fallecida en el accidente de aviación del 18 de mayo de 2018. «Hay que vivirlo para entenderlo», dice ahora en la sala de su casa este bayamés nacido el 1 de julio de 2000. «De momento, toqué su mano que me llevaba al beisbolito Manuel Alarcón, escuché su voz peleándome y exigiéndome, sentí sus abrazos y besos; fue como un viaje en el tiempo», expresa con una mezcla de alegría y nostalgia.

Pocos imaginan que este prometedor atleta, integrante del equipo campeón de Cuba (Alazanes de Granma), estuvo tan afectado por la pérdida del ser amado, que decidió dejar la pelota, deporte que practica desde los seis años. «El sicólogo del equipo de Granma, Heriberto Suárez (Piro), tuvo que hacer un gran trabajo mental conmigo y con mi padre (Reynaldo García Morales) para poder vencer esa prueba que nos puso la vida. Al principio, no salía de mi cuarto y estaba por el piso. Pero mi papá se las arregló para sacar fuerzas, hacer que conversáramos mucho y llegar juntos a la casa por la noche, porque las tardes eran insoportables», narra.

Esta no ha sido la única prueba difícil en la existencia de Guillermito, como le dicen familiares y amigos. Antes había sido dado de baja de la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) dos veces y en ambas se le aflojó el alma. Pero, fiel a su sangre guerrera (su abuelo materno es el Comandante de la Revolución Guillermo García Fría), volvió al terreno y en cada oportunidad lo hizo con más entrega.

«La primera casi no me dejaban batear, me ponían a recoger pelotas en los entrenamientos y me sacaron, supuestamente por bajo rendimiento. Estaba en la etapa de secundaria básica, pero seguí entrenándome por mi cuenta hasta que a los 15 me dieron un año de tránsito de nuevo en la EIDE. Sin embargo, no hice el equipo de Granma y me eché a llorar», cuenta el MVP de la etapa final de la Serie Nacional.

—¿Cómo lograste entonces retornar al béisbol con resultados?

—Yo dije que quería un entrenador. Mis padres hablaron con Ángel Ortega Lienz (director del equipo de Granma en las series nacionales 49 y 50) y él me puso un plan de seis meses en el gimnasio, sin tocar un bate. Mi físico cambió mucho en ese tiempo, luego me llevó a la jaula de bateo para corregir los movimientos y después de todo eso fue que pisé un terreno de béisbol. Cuando hice el primer swing de práctica di un batazo enorme y me quedé tan sorprendido que abrí los ojos a más no poder. Ortega se echó a reír y me dijo que lo mejor estaba por llegar. «Tenía razón porque noté la transformación en todo. Cuando pasé a la categoría juvenil hice el equipo de Granma y en 2018 logré integrar el equipo Cuba que fue al torneo panamericano de Panamá. Allí fui el cuarto bate, terminé con .333 de average y pegué el único jonrón de nuestra selección. Ya llevo dos series con Alazanes, en esta no empecé bien, pero los resultados salieron al final».

—¿Y cuándo fue que entraste en contacto con Alfredo Despaigne?

—Coincidíamos en las prácticas junto a Ortega, quien ha seguido mis pasos. Despaigne me aconsejó bastante sobre las rutinas de bateo y el golpeo a la pelota, también cómo estudiar a los lanzadores.

—¿Si posees destreza con la derecha por qué no bateas a las dos manos?

—Mi papá me puso un bate y una pelota en la mano al nacer y dijo que iba ser zurdo. En realidad, todo lo hago a la derecha, excepto batear. Hoy es difícil intentar ser ambidiestro. Me siento bien a la zurda, aunque estoy claro de que tengo mucho por aprender, pues mi historia comienza ahora.

—¿Tienes algún problema para jugar los jardines o prefieres la primera base?

—Juego donde me pongan. En las categorías chiquitas jugaba los jardines y al principio era un asesino a la defensa, las pelotas me picaban al lado o detrás, pero aprendí a tener el sentido para buscar las conexiones. No tengo un gran desplazamiento, pero no me va mal. Este año estuve en el left field y no me sentí incómodo. Y la primera me gusta porque está en acción casi todo el tiempo.

—Algunos han escrito en las redes sociales que Carlos Martí te llevó recio porque no te colocó a jugar en el primer juego de la gran final.

—Carlos Martí me vio nacer y crecer porque mi papá me llevaba de niño al estadio y al banco del equipo de Granma. Él es para mí como un padre, es exigente y consagrado. Habló conmigo antes del primer partido contra Matanzas y acepté su decisión. Sabía que mi momento iba a llegar y llegó.

—Después de tu actuación en los play off, de la elección como MVP de esta etapa conclusiva y del batazo que sirvió para dar el tricampeonato a Granma has tenido que comenzar a lidiar con la fama.

—Me han llegado mensajes de todas partes, incluso del exterior. En las redes sociales también me han mencionado como nunca. Y mi casa se ha llenado de visitas para verme o hacerme una foto. Es difícil convivir con eso, porque me gusta atender a todos y hacerlo con la mejor educación. «Estuve varios días acostándome de madrugada para contestar esos mensajes de elogio y apoyo; luego tuve que escribir una respuesta pública porque no me alcanzaba el tiempo. Sí quiero decirte que la fama no me sube para aquí (se toca la cabeza). Soy y seré el mismo siempre».

—Con 20 años es difícil eludir las diversiones, las tentaciones y los llamados placeres de la vida.

—Me gusta divertirme como a cualquier joven, pero, como dice mi papá, ya tendré tiempo de disfrutar al máximo cuando deje de ser pelotero. Ahora estoy enfocado en la pelota, esa es mi prioridad.

—¿Qué sueños te pasan por la mente?

—Quisiera jugar contratado en el exterior, integrar el equipo Cuba grande y participar en un Clásico Mundial. También deseo volver a ganar con Granma en la serie nacional, jugar de regular desde el principio todo el campeonato. Y lo otro es terminar la licenciatura en Cultura Física, ahora estoy en segundo año de la carrera.

—Dicen que imitas a Frederich Cepeda

—Cepeda es mi referente desde mi niñez. Admiro sus movimientos, cómo elige los lanzamientos y su manera de pegarle a la bola. He tenido el privilegio de conversar con él y escuchar sus consejos, pero tengo mi propio estilo y no quisiera ser copia de nadie.

—¿Además de Ángel Ortega, tienes deudas de gratitud con otros entrenadores?

—Han sido muchos y puede ser que se me queden nombres. Nunca olvidaré a mis primeros profesores, Vladimir Vargas y Ramón Marrero, quien falleció hace poco en un accidente. Cuando Ortega no pudo entrenarme por problemas de salud, lo hizo Adalberto Fontecilla, quien también ha estado en equipos de mayores de Granma.

—El periodista granmense Ibrahín Sánchez te denominó 3G, por las iniciales de tu nombre y apellidos y desde entonces han surgido otras denominaciones.

—Aquí han llamado preguntando por 3G y la primera vez mi papá pensó que era un equivocado. Ahora han dicho que soy 5G: Guillermo García García Ganador de Granma. El narrador Pachi Espinosa me puso El Cañón de Las Caobas, porque a este reparto donde vivo le dicen así. A todos nos gustan que nos elogien, pero no puedo inflarme ni creerme cosas.

—¿Qué le dirías a aquellos que no confiaron en tu talento?

—No guardo rencor a nadie. Les diría que luché por lo que quise y voy a seguir superándome. Cada triunfo lo dedicaré a mis seres queridos y especialmente a la memoria de mi madre.

odh/Tomado de Facebook

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