Matanzas es el favorito, pero Granma no cree en pronósticos

Por/Oscar Sánchez Serra

Matanzas y Granma jugarán, a partir de mañana, una final inédita en series nacionales, aun cuando los dos hayan saboreado las mieles del triunfo en los clásicos beisboleros cubanos, y cuenten en su haber con enfrentamientos en juegos de play off.

En enero pasado, advertíamos, en los análisis antes de la fase de cuartos de final, que los Alazanes no solo eran favoritos, sino que aparecían como uno de los más fuertes candidatos a disputar el título; y al comentar de los Cocodrilos, fijamos: «han jugado siete de las últimas ocho postemporadas, lo cual es síntoma de estabilidad en la última década en estos tipos de partidos, y les da una primera ventaja. Saben rematar los juegos, y aprovechan, como pocos, las brechas que le da el rival».

En aquel momento, si bien esbozamos el duelo que tenemos hoy, no dejamos claro cuál de ellos tendría las mayores posibilidades de coronarse. Hoy, por difícil y arriesgada que sea la encomienda, nuestro trabajo, y la afición, nos demandan una opinión.

Un breve paréntesis histórico. La disputa por el banderín en la temporada 56, tuvo de protagonistas a granmenses y avileños, y el 30 de diciembre de 2016, expresé que veía a Ciego de Ávila con más aptitudes que su rival para vencer en la finalísima de enero de 2017. Lo que pasó fue diametralmente lo contrario: los Alazanes vencieron, inobjetablemente, por 4-0. En la siguiente campaña, la semifinal enfrentaba a la misma tropa oriental ante los matanceros, y como el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra dos veces, pues las virtudes de los de la Atenas de Cuba, a la ofensiva y desde el montículo, hicieron que nos inclináramos por ellos, otra vez por encima de los Alazanes.

¿Qué pasó? Por segundo año consecutivo, el mentor Carlos Martí y su tropa nos dieron un golpe de autoridad. No fue un 4-0, pero se pareció mucho: un demoledor desenlace de 4-1, y los cuatro éxitos en línea. Recuerdo que titulamos, entonces, en estas páginas, De pelota solo sabemos que no sabemos nada. Y para acentuar que no creen en pronósticos, se titularon en esas dos ediciones.

Hacemos esta pausa, no en aras de fundamentar un vaticinio a favor de los granmenses para no chocar otra vez con una roca, porque, de hecho, al equipo que vemos con más potencialidad de campeón en la 60 Serie Nacional es a Matanzas, sino en pos de ilustrar cuán complejo es predecir en el béisbol. Y lo es aún más, cuando como ahora, tenemos delante a dos colectivos de muchas cualidades, similares comportamientos en toda la contienda, sabedores de lo que es ceñirse una corona, y de peloteros de vasta experiencia en sus filas. Como si fuera poco, dirigidos por dos certeros y excelentes estrategas.

¿Por qué Matanzas? A nuestro modo de ver cuenta con lo que ningún otro: la versatilidad ofensiva y defensiva de su plantel, dada por las disímiles variables que le dan sus jugadores de recambio, y también por la amplitud de opciones tácticas a emplear, en consonancia con esas reservas. Ahí radica su fuerza, pues una mirada a las estadísticas de la campaña favorece a Granma. En pitcheo, 4,34 por 4,40 de promedio de carreras limpias por juego; a la ofensiva 314 por 294, y solo ceden en la defensa 976 por 977 que, por demás, fueron las mejores de todo el calendario competitivo.

Creo, además, que, para encuentros de esta índole, el pitcheo abridor de segunda línea de los yumurinos es superior, y este aspecto, como ocurrió en la semifinal ante Las Tunas, puede ser decisivo, pues es muy difícil pensar en menos de seis desafíos para definir al ganador.

Lo cierto es que en play off (además del 4-1, también hay un 4-3 favorable a los granmenses), los Cocodrilos no han vencido a sus rivales, y si yo fuera uno de esos reptiles no me fiaría mucho de este nuevo pronóstico, pues ha fallado ya dos veces, aunque ¿a la tercera será la vencida?

odh/Tomado de Granma

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