Impronta japonesa en Cuba: migración, arte y culinaria

Foto: Prensa Latina

Los japoneses arribaron al país atraídos por el boom económico azucarero durante la Primera Guerra Mundial y, aún hoy, desde las artes, existe un vínculo cercano entre ambos archipiélagos.

Refiere la historia que los nipones conformaron las primeras cooperativas de producción agrícola e introdujeron el uso del abono químico y, en ese campo, resaltan nombres como el horticultor Kenji Takeuchi; quien cultivó más de 700 especies de flores en el Orquideario de Soroa, en la occidental provincia Pinar del Río.

Instituciones como la Casa de Asia de La Habana, organizan conferencias, exposiciones, espectáculos musicales, talleres de origami, ciclos cinematográficos, demostraciones de vestuario, artes marciales, caligrafía y ceremonias del té para la promoción de la cultura de esa nación asiática.

Dibujos, estéticas y temáticas niponas

La artista cubana Duchy Man Valderá, residente en Bélgica, conoció desde niña la cultura japonesa. Recuerda que en su casa existían muchas publicaciones, revistas, afiches y libros sobre el archipiélago asiático y vivía fascinada con los vestuarios y maquillajes del teatro kabuki, el milenario arte de cantar y bailar.

Foto: Prensa Latina

“Mi papá era un artista aficionado y le encantaba dibujar samuráis imitando la estética ukiyo-e, género de grabados usual entre los siglos XVII y XX. Japón tiene una cultura que considero entre las más sólidas universales que existen, con una asombrosa capacidad de permanencia”, afirma a Prensa Latina.

La ilustradora aludió también al fenómeno actual generado por el manga o historieta que, a su juicio, difunde diversidad de géneros y temáticas—aventuras, horror, de época y policíacos—seleccionado por los lectores desde sus propias inquietudes o identidad, si bien existen visibles diferencias de contexto.

“Comparada con otros países, Cuba llegó tarde al manga y aun así constituye un proceso irreversible. Resulta una manifestación artística que ha trascendido sus fronteras de origen para asimilarse y ser asimilada en el mundo entero; y cada país le pone su toque, mensaje, contenido y escenario particular”, señaló.

En su caso particular, su atracción reside en las artes —marciales, dramáticas, manga, cine, literatura y culinaria— la estética, y conceptos como “mono no aware”, referido a la sensibilidad o capacidad de sorprenderse o conmoverse, de experimentar cierta melancolía o tristeza ante lo efímero.

“En los últimos años descubrí la obra de Edogawa Ranpo (seudónimo de Hirai Taro, 1894-1965) precursor de la novela negra moderna japonesa, que me permitió conocer el “ero-guro nansensu”; movimiento artístico de principios del siglo XX contrario a los tabúes de lo tradicional”, indicó.

Recurre en sus ilustraciones al arte del período Heian (794-1185), por la riqueza y el colorido en su representación del vestuario; a las estampas ukiyo-e, por su “línea clara”, el empleo del color y los temas tratados; o a la Escuela Rinpa, en el uso de fondos planos cubiertos en su totalidad por pan de oro, para lograr así una sensación de profundidad casi abstracta.

Habana, novia de mis sueños

El título de este epígrafe corresponde al proyecto discográfico de la bailarina, cantante y percusionista japonesa Yuko Fong. Primero, atraída por la idiosincrasia latina estudió español en su tierra natal y, más tarde, intervino en un curso intensivo de Danza Contemporánea de Cuba.

“El sonido de los tambores me raptó y viajé, en varias oportunidades, al país para tomar clases sobre bailes folclóricos. Pertenezco a una cultura muy organizada, tradicional y milenaria, casi antagónica a la cubana y eso fue precisamente lo que me encantó”, confesó.

Desde el año 2000 reside en la Mayor de las Antillas, inicialmente, con el propósito de estudiar en el Instituto Superior de Arte la carrera de Danza Folclórica y después perteneció a varios grupos profesionales como el Conjunto Folclórico Nacional de Cuba y el grupo femenino “Obini Bata”.

En Japón no es habitual el uso del piropo —frases para adular o cortejar— muy presente en la nación antillana. “Me llama la atención que resulta común a cualquier edad, desde niños hasta ancianos, y eso me encanta; disfruto de ese ingenio y creatividad porque no es una práctica en mi país”.

Lo que sí extraña, además de la familia y los amigos, es la comida, si bien incorporó a su dieta peculiaridades de esta región como los potajes y los tostones, receta a base de trozos aplanados fritos de plátano verde.

Asia y El Caribe unidos en sabores y recetas

Y si de comida japonesa se trata, el restaurante Fuumiyaki constituye una referencia culinaria en la urbe capitalina. Su dueño, Rael Tejeiro García, participó en 2012 en la creación de un negocio privado denominado Pepe´s teppanyaki, el primer establecimiento de culinaria de esa nación asiática en La Habana.

Cinco años más tarde, creó su propio espacio en la barriada del Vedado y adaptó platillos reconocidos internacionalmente como el sushi a las preferencias de los clientes nacionales y a los productos típicos de esta área geográfica. De ahí que la tradicional receta incorpora mango y aguacate, en dependencia de la estación.

“Nos caracteriza la fusión de sabores y tendencias. Buscamos diferentes elaboraciones y analizamos qué ingredientes tenemos, cuáles podemos sustituir o dónde podemos incorporar un elemento de la cocina caribeña. Tenemos, por ejemplo, un sushi con ropa vieja (carne de res desmenuzada), plátano maduro frito y queso crema, muy demandado por los turistas”, explicó.

También suchis con arroz congrí, a base de arroz y frijoles colorados, carne asada y yuca frita, especialmente, durante cenas de nochebuena y celebraciones de fin de año. Poseen una amplia carta de variedades de ese plato tradicional, a partir de técnicas como las tempuras, los salteados y los teriyakis.

La concepción del nombre responde a los vocablos japoneses Fuumi, que significa buen sabor de comida, y yaki alusivo a acciones como: asar, rostizar y cocinar a la plancha; y también incorporan conceptos y estilos de vida japoneses, entre ellos, la disciplina y perseverancia.

Danay Galletti Hernández

amss/Tomado de Prensa Latina

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