Abran puertas y ventanas

Foto: Juan Carlos Teuma Díaz

Lo que al inicio del azote de la pandemia de la COVID-19 era una sospecha respaldada por la lógica, ahora se ha convertido en una certeza avalada por innumerables científicos: el coronavirus se contagia mucho más fácil en espacios cerrados que al aire libre.

Diversas han sido las investigaciones que han arribado a esa conclusión. Una de las más recientes fue la efectuada por el catedrático británico Muge Cevik, quien publicó análisis basados en 79 estudios realizados durante más de un año.

En las indagaciones del reconocido especialista quedó demostrado que existen varios factores que propician un mayor peligro de contagio. Entre ellos se destaca el tiempo de exposición ante el portador del virus, y la cantidad de personas alrededor (mientras más tiempo se está cerca de un enfermo, y cuanto más numeroso sea el grupo expuesto, crecerán las posibilidades de infectarse). Pero empeoran exponencialmente esas condiciones si el entorno donde se manifiestan es cerrado o con poca ventilación.

Si en un lugar abierto se expanden y tienden a desaparecer con rapidez las microgotas provocadas por estornudos, tos o al hablar, en un sitio cerrado esas partículas permanecen suspendidas más tiempo en el aire y pueden ser inhaladas con gran facilidad.

Por esa razón, el buen tino de las autoridades sanitarias de nuestro país y de otras naciones se impuso al decretar la eliminación total o parcial de los servicios en bares, discotecas, restaurantes, teatros, cines… y otras instalaciones que, por sus características, pueden favorecer la transmisión del SARS-CoV-2.

Sin embargo, llama la atención que en calles y avenidas de La Habana no son pocas las guaguas herméticamente cerradas puestas a disposición de centros laborales o pasajeros comunes. En su interior confluyen, precisamente, los factores negativos antes mencionados: poco distanciamiento entre muchas personas, tiempo considerable a bordo y nula ventilación.

Si bien es cierto que la disponibilidad de ómnibus en la capital no satisface la demanda de una población que supera los dos millones de habitantes, valdría la pena que especialistas de Transporte y Salud sopesaran la dimensión real del riesgo que se corre.

Al menos con relativa seguridad es aceptable movernos de un punto a otro de la ciudad. Hacerlo en una suerte de potencial foco móvil no beneficia a los viajeros ni a quienes aquí realizan tanto esfuerzo para reducir al mínimo los estragos de la letal enfermedad.

Juan Carlos Teuma Díaz

amss/Tomado de Tribuna de La Habana

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