Alto y claro, Bonifacio Byrne

Foto: Endrys Correa Vaillant

Era un poeta patriota. Por eso, después de que estallara la Guerra Necesaria, varió el rumbo de sus textos modernistas y escribió sobre la lucha mambisa que libraba Cuba contra la colonia española.

Era un periodista y fundó periódicos. Era narrador y escribió también teatro. Por ser justo, exaltó la valentía de un amigo, también patriota, que fue fusilado en 1895.

Por tomar partido sufrió exilio y, desde Estados Unidos, fue partícipe de una campaña proselitista en pos de la independencia. En Tampa, creó el Club Revolucionario, y fue su secretario. Colaboró en Patria, en El Porvenir y en El Expedicionario.

Su naturaleza de bardo lo llevó al soneto y fue autor de muchos en los que vibró la hazaña. Pero hay un poema, que escribiera en ardientes serventesios, que lo eternizó para siempre. En él resumió el sentir de un pueblo que, por más veces que lo escuche, lo recite, lo lea o lo recuerde, no sabe sino sentirlo más hondo.

Fue cuando venía de “distante ribera, con el alma enlutada y sombría” que, al buscar su bandera, vio que a su lado ondeaba otra.

Al contemplar en El Morro que junto a la cubana se izaba la bandera estadounidense, el Poeta de la Guerra sacó afuera, como ráfaga indetenible, el sentimiento más limpio que se puede experimentar cuando se le mancilla a un ser íntegro la tierra donde ha nacido.

Bonifacio Byrne, nacido hace este lunes 160 años, dijo entonces que la suya era la bandera más bella que existía y sostuvo con “honda energía” que para representar a Cuba bastaba con la de la estrella solitaria.

La recordó en los campos junto a los héroes, y con arrebatado orgullo dijo que la nuestra jamás había sido mercenaria.

De cómo cierra el poema no es preciso dar fe. Guardamos en la memoria esos versos tan suyos como nuestros.

Por si fuera poco, la voz de Camilo Cienfuegos, entonándolos, es uno de los más bellos legados que poseemos.

Por cierto, en días en los que se ha pretendido ultrajarla, se han cantado como nunca antes las estrofas que nacieron de un poeta y hoy viven en el corazón de todo un pueblo:

Si deshecha en menudos pedazos/ llega a ser mi bandera algún día…/ ¡nuestros muertos alzando los brazos /la sabrán defender todavía…

Madeleine Sautié

amss/Tomado de Granma

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