Una colección, un tesoro

Foto: Archivo

La colección del Museo Nacional de Bellas Artes, la más importante de Cuba y una de las más significativas del continente, es tesoro indiscutible de la nación. Un tesoro, literalmente. Y no solo —y no fundamentalmente— por su valor meramente monetario —que lo tiene—, sino por su extraordinario valor simbólico.

En las salas del Museo, en sus almacenes, se exhibe o se conserva buena parte del acervo de las artes visuales del país. Esa colección (que todavía amerita mucha investigación, nuevos acercamientos y valoraciones) ofrece una visión integral y exhaustiva de la historia del arte cubano. Vamos a decirlo claramente: sin los fondos del Museo Nacional de Bellas Artes no se puede contar la historia del arte cubano. Así de simple.

A eso se suma el singular panorama que ofrece del arte universal, sobre todo de escuelas y movimientos históricos. Hay obras y conjuntos de obras importantísimos, particularmente del arte europeo y americano.

Pero convengamos en que la colección más completa es la de arte cubano; que es la que está en permanente crecimiento; la que comienza en los albores mismos de la creación aquí; que pasa por la consolidación de una cultura nacional, y llega hasta las expresiones más contemporáneas.

Es inmenso el cometido del Museo, teniendo en cuenta que no existe en Cuba (y quizás debería existir) un Museo nacional de arte contemporáneo, y por lo tanto la institución tiene que asumir la responsabilidad de ser vitrina y nicho de buena parte de esa producción.

Los desafíos, en cuanto a conservación, a protección y a promoción de los fondos del Museo Nacional de Bellas Artes, no son solo desafíos de la institución. Lo son del sistema institucional de la cultura.

El Ministerio de Cultura ha trabajado y trabaja en ese sentido: no es una tarea fácil. Si partimos del convencimiento de que todavía no se reúnen las condiciones ideales (qué difícil concretar ese ideal) es plausible el proceso permanente de mejoramiento de esas condiciones. Se ha invertido y hay proyectos.

Algunos se asombran de que el Museo exhiba tan poco de lo que atesora. Es práctica internacional y es lógico. Gracias a lo que guarda y se protege en esos almacenes se pueden organizar exposiciones transitorias; se pueden realizar acciones de extensión cultural, préstamos y colaboraciones. Y es también fuente de permanente estudio.

De acuerdo, se puede socializar más ese patrimonio. Pero para hacer eso es imprescindible, primero, conservar y proteger. Esa es prioridad del Museo Nacional de Bellas Artes. Y lo será por siempre, asumiendo la vitalidad del arte que se ha hecho, se hace y se hará en Cuba.

Yuris Nórido

amss/Tomado de Trabajadores

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