Nunca se sabe cuándo ha nacido un héroe

Comandante Camilo Cienfuegos. Fotos: Prensa Latina

Nunca sabe cuándo ha nacido un héroe, porque ellos vienen al mundo sin serlo todavía. Llegan a la vida como el común de los mortales y en su andar por la existencia se encuentran poco a poco con los atributos del heroísmo, y se los van apropiando sin reparar en la trascendencia de ese gesto.

Ramón Cienfuegos y Emilia Gorriarán no reconocieron al héroe que la vida forjaría en el hijo recién llegado aquel 6 de febrero de 1932. Ellos tampoco sabían cuáles serían los atributos con que el heroísmo iría ensanchándole el paso a su segundo descendiente, ni cuántas virtudes lo definirían como la estampa mejor del buen cubano. A ellos les bastó recibirlo en un hogar honesto, trabajador y consecuente con los tiempos. A ellos les bastó ofrendarle su legado de honradez para saberse capaces de hacer de aquel niño todo un hombre, pero la vida hizo lo suyo y convirtió a Camilo Cienfuegos Gorriarán también en héroe.

Foto: Cubadebate

Nunca se sabe cuándo a un hombre se le van incorporando los atributos del heroísmo. Camilo quizás nunca llegó a darse cuenta de su dimensión heroica, un poco por modestia o porque en el fragor de ciertas luchas no hay tiempo para reparar demasiado en uno mismo. Por eso tal vez no advirtiera que el heroísmo le rondaba para perfilarle su definitiva estampa de Señor de la Vanguardia. No lo supo mucho antes cuando cayó herido en la manifestación estudiantil de un siete de diciembre, ni fue capaz de suponerlo cuando la rebeldía de otros pueblos conmovió su propia naturaleza indómita haciéndole decir: “Esos que luchan, no importa dónde, son nuestros hermanos”.

Camilo no pensó nunca que al enrolarse en la expedición del Granma también transitaba la ruta reservada al heroísmo; ni cuando cubrió las jornadas redentoras de la Sierra; ni al retomar junto al Che los pasos invasores de Gómez y Maceo hacia Occidente, para consagrarse en el centro de Cuba como el Héroe de Yaguajay.

El Comandante Camilo Cienfuegos derribando los muros del campamento Columbia. Foto: Ecured

Con no se sabe qué íntima sencillez –la sencillez que solo tiene lo grandioso- se fue haciendo imprescindible en el primer frente de todos los combates, en el momento del Triunfo y al instante de aquella reveladora y pública consulta de Fidel: “¿Voy bien, Camilo?” Y se hicieron entrañables su firmeza al derribar los muros de Columbia, su sonrisa representando la confianza, su voz convocando a los muertos de la patria al levantar sus brazos para defenderla, su serenidad y su lealtad en el enfrentamiento a la sedición en Camagüey.

Camilo nunca supo que era un héroe. En el fragor de ciertas batallas no hay tiempo para reparar en eso. El heroísmo se le fue haciendo atributo poco a poco, desde un 6 de febrero en la barriada de Lawton hasta la inmortalidad alcanzada en el mar un 28 de octubre.

Nunca se sabe cuándo ha nacido un héroe. Tampoco se podrá hablar jamás de cuándo han muerto. Los héroes se sobreviven a sí mismos en el continuo renuevo de esos atributos que le siguen siendo indispensables a la historia. A nuestra historia.

amss

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