Sacudir el árbol

Registro Civil del municipio de Plaza de la Revolución. Foto: Raquel Sierra

Hay una máxima en el argot beisbolero: cuando se va ganando el juego, no se hacen cambios. Y viceversa. El reordenamiento monetario, que tiene plazos, tareas, responsables, implementación y correcciones, urgía. Sin embargo, la sociedad demanda también sacudir el árbol.

El anuncio del inicio del proceso y la publicación de los nuevos precios en la Gaceta Oficial provocaron una avalancha en todas direcciones. Bancos, tiendas y cadecas vieron crecer la bola de nieve… No escaparon a esto los registros civiles.

La falta de precisión en el enunciado de las certificaciones de matrimonio, defunción y otros documentos, hizo que no pocos leyeran al pie de la letra lo que dice la gaceta: Solicitud de certificaciones: mil 250 pesos. Para una comprensión exacta y no dejar nada por sentado, probablemente debió decir como el subtítulo: Certificación y legalización, lo que supondría trámites para surtir efecto en el exterior. Se habría evitado entonces la avalancha para –con toda lógica– pagar un sello de cinco pesos y no 250 veces ese valor, como se leyó.

Por doquier hace falta un reordenamiento para poner las cosas en su lugar: que se les brinden a las personas, desde la primera vez, toda la información y posibilidades; se respete el tiempo de los demás y se eviten molestias que solo suman incomodidad a la vida cotidiana…

Son muchos los ejemplos. En el registro de Magnolia, en el Cerro, una información incorrecta hizo a una persona desplazarse hasta el tribunal cercano a Cuatro Caminos, cuando el trámite podía hacerse allí mismo; o un día de este enero, en el banco de 19 de Mayo y Ayestarán, cerca de las 14:00 (hora local) solo se habían atendido a dos de los citados para créditos –en espera desde las 07:00 (hora local) y sin recibir explicación–, porque los papeles no estuvieron hasta esa hora en poder de quien debía hacer el trámite; o la alta afluencia de inicios de mes hacia las Oficinas de Registro de Consumidores (oficodas), cuando la demora en la llegada de las libretas de abastecimiento desde la industria impidió en varios municipios inscribir las dietas médicas, provocando incertidumbre, molestias y alta concentración de personas, todas previsibles y, tal vez, evitables; o las largas colas en el mercadito del Cupet de 25 y G, pese a los pocos productos y muchas dependientes, según los vecinos; que en no pocos espacios estén regresando los coleros; o todos los que cualquiera de nosotros pudiera aportar…

Aunque si los nuevos salarios rinden o no está por ver, deberían implicar un cambio en la calidad de los servicios, sobre todo, aquellos que no están relacionados con disponibilidad de recursos materiales, opinan no pocos. Cualquier semejanza con la realidad está basada en quejas y testimonios de la ciudadanía.

Raquel Sierra Liriano

amss/Tomado de Tribuna de La Habana

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