Tabío, entusiasta revelador de la comedia

Juan Carlos Tabío. Foto: Tomada de Internet

Seducido por el arte de reiventar a la vida en una imagen en movimiento y convencido de no proponer ideologías, fue Juan Carlos Tabío uno de los cineastas cubanos más plenos en la concepción del género de la comedia en el cine.

Sus películas no tienen esa suerte de lección moralista, pero sí personajes llenos de lucidez y popularidad que representan el imaginario social de un país matizado por la transculturación.

Pionero del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (Icaic), al ingresar a sus aposentos creativos en 1961, primero como asistente de producción y luego como asistente de dirección, pudo concebir en el ejercicio de la experiencia y la intuición que no existían líneas divisorias entre la imaginación y la realidad, sino más bien talento y sensibilidad para contar una historia; un sentimiento que como destino lo condujo por el éxito y el reconocimiento social en festivales y entre lo más selecto de la creación cinematográfica, al punto de acompañar en las aventuras más quijotescas del celuloide a Tomás Gutiérrez Alea (Titón) en dos de sus últimos filmes: Fresa y Chocolate (1993) y Guantanamera (1995).

Con buenas intenciones, sentimientos honestos y una sutil crítica se detuvo con fino humor criollo a repasar “diabólicos” momentos de la vida cotidiana para convertirlos en “estupendos ecos de gracia”. Ahí están sus títulos más emblemáticos: Se permuta, primer largometraje de ficción con el protagonismo de Rosita Fornés, entre otros tantos que marcaron un auténtico recurso en el estilo del manejo de las escenas más inverosímiles; como fueron Plaff o demasiado miedo a la vida, Lista de Espera y El cuerno de la abundancia.

Tabío también buscó en el artificioso concepto de la realidad el sentido de la espiritualidad y su metáfora más exacta en el interior del ser humano. Una capacidad que llamó también al asombro en el lenguaje poético de sus más de 30 documentales, en los cuales consignó el acto de la madurez intelectual y artística dentro de la industria cinematográfica que años más tarde lo llevó a ser parte del magisterio en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, donde consolidó la formación de más de una generación de noveles cineastas y especialistas en lo que sigue siendo la “escuela de los mundos posibles”.

Juan Carlos Tabío se despide este lunes en La Habana con el deseo de seguir soñando las mil maneras de que el hombre y el elefante en la bicicleta pueden echar andar una moviola en cualquier parte, para hacer de ella una nueva película.

amss

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