Retos y misterios de María Elena Llana

La cuentística de María Elena Llana es,

sin duda alguna, una de las más importantes

en el panorama de la narrativa cubana de hoy.

Olga García Yero

Cuando en una entrevista, realizada en el año 2008, le preguntaban a María Elena Llana qué le había aportado a su literatura el ejercicio del periodismo, categóricamente afirmaba que la inmediatez y la capacidad de comunicación; sin olvidar que siempre su campo de trabajo ha sido el idioma, que –en su opinión– lo aglutina todo.

“Soy muy feliz –afirmaba en esa ocasión– cuando tengo una idea y la realizo. Los personajes se me dan con facilidad, pero el idioma siempre es un reto, un misterio. Entonces, haber logrado una praxis del idioma que me permita crear la atmósfera específica de cada cuento, amén del juego de tiempo y espacio, ha sido la tarea dura”.

Leer Cuentos al azar (Editorial Cauce, Ediciones Almargen, Colección Paradiso, Pinar del Río, 2016, 192 pp), antología seleccionada por la propia María Elena Llana, es la más fehaciente confirmación de que el hábil y cuidado manejo del idioma es uno de los rasgos que personalizan el discurso narrativo de una de las más relevantes escritoras cubanas contemporáneas.

Son veinte las narraciones reunidas en las páginas del volumen. Textos que no solo permiten un recorrido por más de cincuenta años de creación literaria, sino que también posibilitan –indudablemente lo más significativo– una enriquecedora mirada a los presupuestos ideoestéticos que sustentan la narrativa que firma la escritora.

Se abre esta antología personal con un cuento perteneciente a La reja –primer libro publicado en el año 1965 por María Elena Llana, considerado una obra referencial en el contexto de su bibliografía–, titulado “Nosotras” que, en su criterio, es muestra de sus posibilidades de escritura: ficción realista y rejuegos imaginativos.

“Las quejas de Adán” es el título del relato seleccionado para cerrar Cuentos al azar –texto incluido originalmente en el cuaderno El cristal con que se mira, aparecido en el año 2016–, que propone recrear la anécdota escuchada, según palabras de la autora, a uno de esos “personajillos” conocidos a lo largo del tiempo.

Otras narraciones que también aparecen en esta colección son “El gobelino” –de Casas del Vedado (1983), Premio de la Crítica Literaria 1984–, “Alondra pasa” –de Castillos de naipes (1988)–, “Juan López” –de Ronda en el Malecón (2004)– y “Añejo cinco siglos” –de Apenas murmullos (2004)–, todas imprescindibles para apreciar la literatura de la escritora.

Sería injusto e impreciso circunscribir el alcance y trascendencia de la obra narrativa de María Elena Llana solo a su demostrada capacidad de utilizar el lenguaje como un eficaz instrumento que le permite contar historias referidas tanto a la propia condición humana como al ser humano en su relación con el mundo circundante.

“Más allá de la variedad de sus asuntos y de sus verdades esenciales –ha escrito el narrador, investigador y ensayista Alberto Garrandés–, los relatos de María Elena Llana ostentan una actitud narrativa radical que se transforma en artimaña de comunicación y cuyo brío hace que ejercitemos nuestra confianza”.

En sus narraciones, la autora sabe cómo hacer creer al lector esas historias que se mueven entre lo real y lo fantástico, sin que –a veces– resulte perceptible el límite que separa ambas dimensiones; capacidad que le ha permitido erigirse en paradigma de lo fantástico en el panorama de las letras cubanas de entre siglos.

Sus cuentos, igualmente, están marcados, en mayor o menor medida, por el humor, la ironía y la ingeniosidad; tres elementos recurrentes que matizan la proyección de esos personajes –hombres y mujeres, por cierto, comunes, simples, sin grandes aspiraciones–, que se encargan de protagonizar las historias imaginadas.

Junto a los libros de cuentos ya citados, María Elena Llana (Cienfuegos, 1936) también ha incursionado en la literatura para jóvenes, con la publicación de dos títulos que –aunque concebidos como relatos independientes– pueden ser leídos como noveletas: Sueños, sustos y sorpresas (2011) y Desde Marte hasta el parque (2015).

Su labor de varias décadas en la prensa escrita, la radio, la televisión y las agencias de noticias; así como su desempeño como guionista de programas radiales y televisivos, nunca lamentablemente ha sido recopilada, lo cual hubiera permitido descubrir, como es fácil suponer, los vasos comunicantes existentes entre su periodismo y su literatura.

Este año 2021, coincidiendo con el aniversario 85 del natalicio de la escritora, debe publicarse, bajo el sello editorial Aldabón, de la Asociación Hermanos Saíz de Matanzas, el más reciente libro de María Elena Llana, que sugerentemente ha titulado Cuentos de viejos, en que aparecen 14 relatos que, desde la vejez, resultan un canto a la vida misma.

La lectura de ese nuevo libro permitirá, estoy convencido, volver a comprobar cómo María Elena Llana ha sabido vencer esos retos y develar esos misterios que, a lo largo de más de medio siglo de ejercicio narrativo, le han permitido convertirse en una de las más notables narradoras cubanas de entre siglos y –lo más perdurable– quedar en la historia literaria de la Mayor de Las Antillas.

Fernando Rodríguez Sosa

amss/Tomado de Trabajadores

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