“Gracias por las bendiciones que me da el pueblo de Cuba”

Edesio: “Es imprescindible amar y creer en lo que haces”. Foto: Ariel Cecilio Lemus

Por todo Malecón arrollaba tocando en la banda de los carnavales de La Habana. “Era chiquito y me pagaban diez pesos por ejecutar un tambor o cualquier otro instrumento, algo muy común en mi barrio: éramos bullangueros”.

Es el mismo niño que, nacido en la capitalina barriada de San Leopoldo, se quedaba dormido cuando su madre lo llevaba al teatro, a conciertos o al ballet, para sacarlo de aquel mundo marginal, para que no fuese más “un delincuentillo, un bandolero”; y dice que él “no lo apreció”.

A los 11 años ya tocaba la batería en un grupo de rock. “El motivo principal de la banda era hacernos famosos entre las muchachitas y ganar novias”. La música realmente era algo secundario. “En aquella época hacíamos lo que hoy llamamos cover o forro, es decir, cantar las canciones de otras bandas, imitarlos. Ni siquiera sabíamos hablar inglés, así que cantábamos palabras inventadas que sonaban fonéticamente igual que la letra de los temas”.

Hoy se siente “el hombre más feliz de la Tierra” cuando, en un concierto, gira el micrófono hacia el público, porque sus voces se escuchan casi más que la suya propia. “Cuando una persona te canta una canción que tú escribiste hace 20 años, es una maravilla. Agradezco las bendiciones que me da el pueblo de Cuba”.

Edesio Alejandro Rodríguez Salva comenzó a estudiar trompeta a los 13 años, en el conservatorio Alejandro García Caturla. “Suspendí la prueba de guitarra; pero como había aprobado el examen de musicalidad, me dieron la oportunidad de entrar por otro instrumento. Fue muy decepcionante para mí, porque la trompeta no me gustaba, pero al menos estaba en la escuela de música”.

Cuatro o cinco meses más tarde, consiguió cambiarse de especialidad. Era un curso singular; se hacían dos años en uno y solo quedaban cuatro meses de clases, pero aprobó. “A partir de ahí mi vida empezó a tomar otro rumbo. Tuve que estudiar como una bestia, cada vez que tenía un segundo, entre una clase y otra, sacaba la guitarra para practicar. Puedo decir que mi madre y la música lograron sacarme del ambiente de la calle. Soy una persona de bien más que un músico. Y eso es lo más valioso”.

“Hoy soy una persona que me he preparado, que he aprendido mucho, que he creado para los demás todo lo que he podido”. Y no hay lugar a dudas. Basta con decir Edesio Alejandro para que, tanto dentro como fuera de Cuba, se reconozca a ese consagrado compositor, cantante, productor y director de cine, que en 2020 se alzó con el Premio Nacional de Música.

“Es un premio a mi generación –asegura–, a los músicos con los que estudié, con los que he compartido escenario durante tantos años. Es el premio más grande que he recibido”; aunque cuente en su haber con una vasta suma de reconocimientos alrededor del mundo, entre ellos el de haber sido seleccionado como miembro activo de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood.

El vínculo de Edesio Alejandro con el cine tiene como trasfondo alrededor de un centenar de producciones musicalizadas por él. “Ese es un arte de creación conjunta, la música tiene que sostener la historia; por eso veo la película muchas veces y ella misma me dice cómo tengo que sonar”.

Su debut como director cinematográfico fue con el filme Mambo Man, recientemente exhibido en la sección Panorama Latinoamericano del Festival Internacional de Cine de La Habana. “Esperemos que para el verano próximo, con ayuda de la ciencia, eliminemos esta pandemia horrible y podamos estrenarla en toda Cuba”.

El multipremiado creador destacó en la música por su singularidad. “Creo que lo principal en la vida es creer en lo que haces y buscar una manera más personal de hacer las cosas. Eso se logra trabajando mucho, buscando dentro de uno. Yo me encontré el día que busqué en mis raíces, en el son, en la rumba. Eso no quiere decir que mi manera es la correcta, hay mil formas de ser auténtico”.

Laura Mercedes Giráldez

amss/Tomado de Granma

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