Conga soberana y solidez musical

Virulo teje con laboriosidad de orfebre esta cubanísima conga. Foto: Mincult

Una interesante combinación musical acaba de producirse en nuestro país, a raíz del recientemente estrenado tema de Alejandro García, Virulo, titulado Con Cuba no te metas.

Morfológicamente, una conga conjuga y, de forma muy suspicaz, no solo los resortes del género; sino que su autor, avezado cronista, músico y humorista popular, combina la cada vez más necesaria sátira política, con elementos genuinos de la música cubana sin segregaciones u oportunismos.

La herencia de la guaracha en Cuba tiene en Virulo un celador extraordinario, y no solo en estos tiempos; sino desde inicios de su carrera, cuando supo escudriñar aquella savia primigenia de manos del travieso –calificativo del imprescindible Lino Betancourt– Ñico Saquito, el Rey de la Guaracha, sin duda alguna.

Ahora Virulo teje, con exquisita laboriosidad de orfebre, una cubanísima conga donde expone, profundamente ligado a resortes de la picaresca y la guaracha; aspectos que tocan el orgullo nacional y la capacidad de reír, aun en tiempos difíciles.

Pero si la genialidad autoral y conceptual de Virulo ha sorprendido nuevamente a doctos y legos por los atributos y ocurrencias de la conga, pienso que esta adquiere una lectura que desdibuja los límites que tal vez algunos creyeron posibles: la fracturación cultural en Cuba.

Es decir, si se buscaba una ruptura desde lo formal y maquilladamente estético en zonas de la música cubana, para legitimar a espurios personajes, una vez más la corteza, semilla y robustez de verdaderos artistas es capaz de romper todo convencionalismo –o lo que es lo mismo, colonialismo cultural– impuesto desde campañas virtuales.

¿Qué otro género musical podría resumir, jocosa y contundentemente, una respuesta ante tanta alevosía? Sin excepción, todos los cubanos diríamos que una conga, expresión de misturas y combinaciones de jolgorio y danzas que nos definen en todo el orbe: la inclusión de casi todas las músicas, para no absolutizar, que hoy conforman la paleta cromática en Cuba, están plasmadas aquí.

La Orquesta Sinfónica Nacional, pináculo de su tipo en el país, se funde junto a experimentados cantantes soneros y timberos como Moisés Valle “Yumurí”, Mayito Rivera, Ricardo Amaray y Dayan Carrera, además del querido Ricardo Leyva, quienes aportan frescura, solidez y genialidad interpretativa. Hay un elemento llamativo en la presencia de María Victoria Rodríguez, cuando hace alusión al «mambí y al machete», en clara alusión a Yo soy el punto cubano, de Celina González, quien confió su legado guajiro a la voz de María Victoria.

La inclusión del Coro Entrevoces, dirigido por la maestra Digna Guerra, de Pancho Amat y Pupy y los que Son como orquesta base, consolidan aún más esta descomunal obra que suma, además, a una de las voces más relevantes de la canción y la poética contemporáneas: Israel Rojas, quien ya había colaborado con Virulo y ha sido una figura muy activa y comprometida con la realidad social y política cubana.

La asimilación de códigos del lenguaje formal y de la jerga popular están implícitos, y de esta última se insertan palabras como: hacer los mandados, el baro, titingó, la jugada… lo que refrenda el sentido popular y semánticamente entendible para todos los cubanos, unido al sarcasmo y la mofa erudita del autor.

Loable también el papel de la Egrem al apoyar la propuesta, así como la entrega de José Manuel García en la realización del videoclip, todo un reto por la avalancha de artistas e invitados en distintas zonas de la capital del país.

Y todo ese caudal de géneros y voces diferentes es la excusa perfecta para el éxtasis musical que, como punto de ebullición, se logra, indudablemente, con la santiaguera Conga de los Hoyos, exponente genuina de tradiciones culturales, para «despedir» a quien nos ha agredido estos cuatro años. No podía ser de otra manera, sino con hidalguía y con risas porque, como dice el coro, con Cuba no te metas, no te metas.

Oni Acosta Llerena

amss/Tomado de Granma 

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