¿Por qué todavía hay que repetir algo que ya todos debíamos conocer?

Complejos rebrotes en varios territorios con sostenida estabilidad epidemiológica, emiten una clara alerta sobre un elemento indispensable en esta batalla: la disciplina. Foto: Yoán Pérez

Muchas enfermedades altamente contagiosas han sido comparadas con el denominado efecto dominó. Basta que una ficha caiga, y todas las demás se precipitan después, a no ser que un obstáculo certero impida esa inercia.

La COVID-19 no ha sido la excepción, pero en Cuba, la fortaleza del sistema de Salud, las medidas oportunas, el actuar consciente de dirigentes y pueblo, y la premisa de no escatimar recursos para salvar vidas, han sido esa pared que impidió el avance ilimitado de la enfermedad.

Sin embargo, a la altura de un mes de octubre en el que la mayoría del país concluye inmerso en la etapa de nueva normalidad, complejos rebrotes en varios territorios con sostenida estabilidad epidemiológica, emiten una clara alerta sobre un elemento indispensable en esta batalla: la disciplina.

Las Tunas: autocuidado y tareas pendientes

Las Tunas mantiene su estabilidad epidemiológica y avanza en la etapa de nueva normalidad, con estrategias bien definidas y un objetivo plan de medidas para evitar el contagio, pero eso no es suficiente.

Bien lo sabe Agustina Ramos Cruz, agente de Seguridad y Protección en el policlínico Gustavo Aldereguía Lima, de la ciudad cabecera, quien, desde su posición en la entrada principal, cada día debe lidiar con esas actitudes.

“Debemos estar todo el tiempo llamando la atención de las personas,  para que se pongan correctamente el nasobuco, para que se laven las manos al entrar, para que mantengan distancia, porque todavía no se percatan. Es agotador repetir tanto lo que ya todo el mundo debería conocer”.

Sandra Montaña Alarcón, profesora de la Universidad de Las Tunas, también siente preocupación al respecto, “porque de cierta manera todos nos hemos incorporado a nuestras actividades habituales, aunque en un escenario muy particular. Yo creo que, si bien hay un amplio sector poblacional que ha asumido el autocuidado, hay otro grupo, tampoco despreciable, que lo ha tomado a la ligera y sigue pensando que todo pasó, que no hay de qué preocuparse”.

Como periodista y ciudadana, Maryla García Santos no comprende que aún sucedan actos de tamaña irresponsabilidad. A lo dicho por sus coterráneas, ella añade que otro tema preocupante es el del aislamiento de los viajeros en sus hogares.

“Hay personas que no entienden lo que eso significa, y van a visitar a sus familiares, a sus amigos que llegan de viaje, sin respetar las orientaciones del personal de Salud y poniendo en riesgo la estabilidad epidemiológica. Nuestros médicos, enfermeras y epidemiólogos, no pueden hacer guardia todo el tiempo en la casa de nadie, para velar por que se cumpla lo establecido”.

Luis Enrique Hidalgo Milanés, en su condición de miembro del grupo de apoyo del Complejo Leningrado, ha visto muchas maneras de hacer caso omiso a las medidas más elementales.

“Todavía no estamos a la altura que exige el momento, mucho más ahora que ya han abierto sus fronteras la mayoría de las provincias del país, las personas pueden viajar y, por tanto, no somos todo lo cuidadosos que deberíamos”.

Ciego de Ávila: entre desvelos y tensiones

Mucho importan en Ciego de Ávila cuál fue el primer caso, el último, el rebrote, el contagio, el sospechoso, las acciones de vigilancia y control epidemiológico; los violadores de las medidas de protección, el nasobuco, los pediluvios…

 Mucho importa cuánto se hace aquí desde que, 12 días después del 11 de marzo, la provincia reportara el primer caso, una paciente de 42 años, del poblado de Ceballos, que llegó procedente de Louisiana, Estados Unidos, fue aislada en el hospital Nguyen Van Troi y trastocó la calma en desasosiego.

Desde entonces, Ciego de Ávila se convirtió en un campo de batalla en la lucha contra la COVID-19, donde el virus traicionero y escurridizo ha impuesto el peso mortal de su dominio, sin que todavía se haya podido dar por cerrado el capítulo de desvelos y tensiones que se extiende por más de 200 días.

Por mucho que se habla en las reuniones, se realicen los controles y se obligue a cumplir con los dispuesto, bien se sabe que en el retorno del virus mucho tuvo que ver la violación de los protocolos establecidos; la gente que viene y va sin nasobuco, la aglomeración en las tiendas, farmacias, bancos…, en fin, la indisciplina.

Y si de indisciplinas se trata, sobra tela por donde cortar. En las aglomeradas avenidas, por ejemplo, las personas usan el nasobuco, muy diferente a lo que ocurre en los barrios periféricos, donde a la población se le nota más confiada, como si por allí no anduviera el virus.

El actuar irresponsable, que no es exclusivo de Ciego de Ávila, Las Tunas o Matanzas, cuesta bien caro, y todavía muchísimas personas lo practican, sin pensar en el esfuerzo del país o de los trabajadores de la Salud que no flaquean en el intento de salvar vidas, incluso, al precio de poner en riesgo la suya, desde que comenzó la contingencia.

Elocuente es también la asistencia gratuita a cada sospechoso de padecer la enfermedad, a cada contacto de sospechoso, a los albergados en los centros de aislamiento; y es evidente la certidumbre de que la mayoría de quienes enferman en Cuba son salvados, a contracorriente de todo lo que pueda suceder.

Finalmente, llegó el día (este 28) en que las puertas del perímetro urbano se abrieron por el comportamiento gradual hacia la disminución de los contagios. A partir de ahora, veremos.

En la Atenas de Cuba, disciplina para ganar la partida

De la disciplina, básicamente, cuelga el destino de la travesía en la llamada nueva normalidad. Solo ella puede hacer o deshacer la seguridad sanitaria, tan necesaria para poder campear en estos tiempos.

Hay muchos que siguen al pie de la letra lo fijado por las autoridades de Salud, pero, lamentablemente, la disciplina es una virtud que no gusta a algunas personas, porque hay otras que, por indiferencia o con cualquier otra excusa, hacen caso omiso a los protocolos establecidos. En otras palabras, son los despistados y un tanto apáticos.

Es frecuente identificar, como causa principal de ese comportamiento, la baja percepción del riesgo y considerar a esta enfermedad como algo común y pasajero. 

Sin embargo, la cautela hoy se justifica como nunca antes, pues el país reabre muchas de sus instalaciones al turismo internacional, actividad imprescindible para activar la economía bajo nuevas circunstancias.

“Con el turismo se incrementa el riesgo y, por lo tanto, la alerta debe ser permanente”, es la opinión de Mario Sabines Lorenzo, gobernador de Matanzas. Para él, constituye un gran desafío el hecho de recibir a un número importante de viajeros procedentes de naciones donde todavía la enfermedad se hace sentir.

Es prudente pensar en la responsabilidad de todos aquellos que hoy se desempeñan en la actividad turística y en el reto de cumplir los procederes de bioseguridad, tanto en las instalaciones hoteleras donde se hospedan los excursionistas, como en el escenario extrahotelero.

El propósito es no permitir brechas de seguridad que estropeen lo alcanzado tras varios meses de preparación intensiva, según los máximos directivos de este sector en la provincia de Matanzas, un territorio donde han sido certificadas con el sello de sanidad todas las instalaciones turísticas.

En el balneario de Varadero, importante destino de sol y playa,  desde que reiniciaron las operaciones para prestar servicios al mercado interno se reforzaron las medidas de higiene y epidemiología, y hoy exhibe un ambiente seguro, garantía que observan, de buen agrado, los turistas.

Dichos cuidados son indispensables en otros escenarios como en los aeropuertos, donde, responsablemente, han reformado el modo de operar para garantizar la salud y ganarle la partida a la COVID-19. Un ejemplo es la terminal aérea Juan Gualberto Gómez, de Matanzas.

Principios de supervivencia

A pesar de que en este archipiélago no se ha descansado para contener el avance del peligroso coronavirus, en Cuba han enfermado más de 6 000 personas.

Desde marzo hasta la fecha, por esa prioridad que el Estado concede a la salud de su pueblo, los desembolsos son millonarios; pero, ojo, el bloqueo no ha dejado de existir, por el contrario, ha removido hasta la última de sus maquinarias para impedir, incluso, la lucha por la vida.

Leidys María Labrador Herrera, Ortelio González Martínez, Ventura de Jesús

amss/Tomado de Granma

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