Cuando el foro suena…

Foto: Raquel Sierra

Por estos días se pide tener el oído en la tierra para tomarle la temperatura a la sociedad, y no solo por la COVID-19. Preguntas, asombro, opiniones diversas han suscitado los topes de precios aprobados en la instancia provincial.

Primero, una aclaración, ese listado es el tope máximo al que deben comercializarse los productos, no el precio en sí mismo, aunque no faltará quien se aproveche de este documento para subir los que tenía por debajo.

Dicho esto, vale destacar que, al menos en el foro de Tribuna de La Habana en su versión web, han llovido los comentarios –más de 45 páginas, cifra récord– en el artículo sobre los topes para los trabajadores por cuenta propia, cooperativas no agropecuarias, concurrentes en mercados de oferta y demanda y carretilleros, con diferentes puntos de vista, lo que denota el interés de la ciudadanía.

Los criterios, en su mayoría reflexiones coherentes, apuntan a varias direcciones: en primer lugar, los elevados topes, que ponen fuera del juego a parte considerable de la población y sobre todo a quien vive del salario y los de menores ingresos, entre ellos los pensionados, cuando no se ha producido la reforma salarial. Otros, llaman a “una constante y seria fiscalización” para frenar a quienes se “aprovechan de cualquier oportunidad para enriquecerse a costa del pueblo”.

No falta quien cuestiona “¿por qué tenemos que conformarnos con el churre y pudrición que existen en los puntos que no son de oferta y demanda y… en los estatales…?”. Este forista cita al Che, a quien le atribuye la frase: “La belleza no tiene que estar reñida con el Socialismo”.

La relación calidad-precio, la baja oferta en agros estatales, la ineficiencia crónica de la agricultura; el hecho de que quien vendía por menos, ahora se sentirá amparado a subir sus precios; y el incremento de un 40 % solo por tener calidad, limpieza y orden, cuando esta “tiene que ser una condición y obligación para poder salir al mercado”, la duda de si aplican también a organopónicos y puntos de venta…

Foto: Marcia Ríos

En medio de una situación prolongada de desabastecimiento y como regla del mercado, que minuto a minuto toma el pulso de la situación para moverse –aquí casi siempre al alza–, los precios suben. El tope significa que no puede comercializarse a más que eso. Sin embargo, la realidad muestra varias aristas: o bien se coloca el precio fijado y se vende a otro más alto; o supuestamente comercializan como corresponde, pero “te tumban” en el peso, o venden como quieren, sin más ni más.

La solución, una mayor producción, no está a la mano. Mientras, como sugiere la población –y se ha hecho ante otras medidas de impacto–, deberían revisarse; incluir otros productos, pues hoy todo es de primera necesidad; y, como llama el Consejo de Defensa a los organismos de supervisión, a controlar no un día ni dos, sino con regularidad, y sancionar las violaciones de peso y precios.

A la gente, a apropiarse de su derecho cuando le quieran cobrar la libra y media de limones a 105 pesos, el tomate a 50 y el pimiento a 60. El tema de los precios es complejo: siempre habrá quienes puedan acceder, no importa el monto. Sin embargo, son otras las voces que trae el río.

Raquel Sierra Liriano

amss/Tomado de Tribuna de La Habana

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