Bajo el mismo sol

Foto: Tomada de Internet

La acertada decisión de la Televisión Cubana de retransmitir la serie Bajo el mismo sol por el canal Cubavisión en el horario de la tarde resulta argumento suficiente para desmentir el apotegma de que segundas partes nunca fueron buenas. 

Por ello, y a pesar de que todavía la serie desentrañará tramas y subtramas, en el primero de los tres planos del guion de Freddy Domínguez -bajo la dirección de Jorge Luis Alonso Padilla y Ernesto Fiallo- oportuno sería comentar algunos aspectos que hacen de Casa de Cristal una vigorosa propuesta que supo integrar buen diseño dramatúrgico, solidez argumental y excelentes actuaciones.

Sin dudas, esa confluencia es la que ha permitido que transcurrida casi una década se disfrute con la misma aceptación y expectativas que la primera vez.

Desde que El derecho de nacer, del cubano Félix Benjamín Caignet, abriera el camino al drama radial en Cuba en 1948; y posteriormente a la televisión y al cine en otros países, mucho se ha empoderado el género como uno de los productos que más ha vendido y continúa vendiendo la industria cultural del entretenimiento. Actualmente, no solo como expresión del habitus cultural latinoamericano, pues conocido resulta por sus seguidores cómo se ha ido extendiendo a otras culturas que han sabido muy bien aprovechar y explotar los recursos dramáticos y emocionales que el género admite.

El teatro griego y su tragedia legaron la didaxis que entraña la representación de conflictos y su repercusión catártica, educativa y moralizante en el espectador. Sin embargo, para que ello se logre; sobre todo cuando el medio utilizado para la representación no es el hecho teatral y sí la televisión, donde otras mediaciones y distanciamientos intervienen, resulta casi imprescindible un guion y un diseño de personajes suficientemente orgánicos para que las barreras emocionales que impone el medio se acorten y ambos resulten realmente verosímiles.

Esto, como ya se expresó, es lo que hace de Bajo el mismo sol un producto convincente a pesar de bordear y bordar airosamente un tema tan riesgoso como el de la aceptación social de personas que difieren de los cánones establecidos para los tradicionales roles de género o de aquellas que enfrentan al curso de sus vidas apostando por la reinserción o por la reincidencia en actitudes negativas.

Sin dudas, es también lo que confiere vigencia a un argumento que ha marcado, y marca, la diferencia con otras entregas en las que el televidente infiere con muy poco esfuerzo -casi a la espera y convencido- el desenlace de cada escena y el planteamiento de la siguiente; todo lo que conspira contra el clímax, el suspense y, en ocasiones, hasta con la veracidad situacional, la cadena de acciones y la organicidad de los actores.

Memorables han sido las actuaciones, casi simétricas en calidad, del elenco de Bajo el mismo sol.

Imposible sería no reconocer las de Blanca Rosa Blanco, en una Doris contundentemente creíble en las excelentes transiciones de un personaje con un exigente perfil dado los matices que se ve precisado a adoptar y trasmutar. Verónica Lynn se alza en una contrapartida a la elevada altura de su magisterio que pone de manifiesto que no existen los personajes secundarios.

Mayra Mazorra y Enrique Molina ponen de relieve el calibre de ambos, demostrado durante toda una fructífera y exitosa carrera en las tablas, en la televisión y en el cine; y logran reflejar el conflicto de una familia –junto con Miguel Fonseca y Aurora Basnuevo- que se debate entre el prejuicio y el amor filial. Habría que insertar aquí la brillante contrapartida de Daylenis Fuentes con su Lisette, que demuestra que cuando guion y personajes están bien diseñados y cohesionados –y por supuesto, existe talento- las diferencias generacionales y la propia experiencia actoral no es razón que conspire para la paridad en la excelencia de los desempeños. Válido resulta esto también para el personaje del adolescente Franco, que logra convencer y en no pocas ocasiones, emocionar.

Y aunque la telenovela bien amerita el destaque de casi todo el elenco, imposible sería obviar la referencia a las bien logradas actuaciones de Sheila Roche y Ketty de la Iglesia.

En los meses en que la televisión cubana ha apostado por la variedad de las entregas de cada uno de sus canales como estrategia para complementar el aislamiento social por un virus que ha causado dolor y muerte a escala internacional, Bajo el mismo sol deviene producto cultural que permite un segundo disfrute y que desde las diversas lecturas de su argumento convida a una reflexión actualizada en torno a las sombras que la exclusión y la marginalidad pueden proyectar. 

Miguel Gerardo Valdés

amss/Tomado de Granma

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