Otra amenaza que no admite treguas

Es preciso colaborar con el personal sanitario, cuidando la higiene y el distanciamiento. Foto: José Manuel Correa

Si de algo tenemos que apropiarnos para siempre, luego de esta lidia intensa contra el virus mortal que amenaza todavía, es de esa permanente observación sobre los hábitos, descuidos o irresponsabilidades que puedan poner en riesgo la salud propia, familiar y comunitaria, al crear las condiciones de infestación por patógenos nuevos o conocidos.

La penosa sorpresa del sars-cov-2, que por nuevo y arrollador nos obligó a replegarnos en un prudente aislamiento, bien puede recordarnos la vulnerabilidad humana a enfermedades contagiosas que también pueden ­arrebatar vidas, perpetuar el sufrimiento familiar y multiplicar los gastos sanitarios de un país que saca del mismo bolso para comer y desarrollarse.

Cuando ya entra el verano y las lluvias vuelven a ser frecuentes, crecen las condiciones ideales para que otro endémico enemigo de la salubridad, el mosquito Aedes Aegypti, venga a “enredarnos el juego” con su rol protagónico en la expansión de epidemias como el dengue, el zika, la chikungunya o la fiebre amarilla.

Al decir de la doctora Carilda Peña García, directora de Vigilancia y Lucha Antivectorial del Ministerio de Salud Pública, si bien Cuba no reporta transmisión de arbovirosis, la compleja situación que en la región de las Américas ya preocupa por el número de contagios y fallecimientos asociados a estas enfermedades, hace que se disparen en nuestra Isla las alarmas de la prevención y de la acción.

Cuba activa su estrategia previsora, primero, sobre el llamado urgente a la responsabilidad civil, y luego con el enfrentamiento resuelto.

Ya está en marcha progresiva una campaña de lucha antivectorial que prevé la revisión de viviendas y locales por manzanas, y la fumigación en zonas de mayor riesgo entomo-epidemiológico: “Hemos previsto áreas de 35 municipios del país para ser fumigadas en cuatro semanas consecutivas”, puntualizó Peña García, al referirse al ciclo que inició el 1ro. de junio.

La especialista recomendó “crear las condiciones para cuando el operario llegue a su casa, pueda lavarse y ­desinfectar las manos, y aplicar las soluciones que la familia disponga para descontaminar. Manteniendo la distancia, acompáñelo en la visita. El personal sanitario solo debe tocar objetos con fines de inspección, como los depósitos de agua”.

La doctora orientó, además, que luego de la fumigación “se respete el período de 45 minutos de espera fuera de la casa, pero sin que esto derive en una reunión de vecinos u otra aglomeración”.

Aupado por las esencias humanas de la Revolución cubana, esto del esfuerzo conjunto entre las instituciones de Salud y el proceder responsable de la población, tiene todo para ser un “matrimonio” indisoluble que, si bien en estos últimos meses va decidiendo la victoria a punto contra el nuevo coronavirus, debe seguir implacable en no permitirse treguas ante estas otras amenazas.

Nuria Barbosa León

amss/Tomado de Granma

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