Para ti, nuestra sonrisa

Aprovechando el beneficio del aislamiento que permite quitarnos el nasobuco, nuestra familia te brinda su sonrisa. Qué mejor regalo para quien lucha porque todos puedan disfrutar de la alegría al aire libre, mostrando el rostro.

Hoy, Durán, es tu cumpleaños. Aunque ahora redoblas tus horarios habituales, siempre has estado en vigilancia. Muchos dicen en la calle. ¡Ay!, cómo trabaja ese hombre. Debería descansar. Ellos no saben que mucho antes de esta pandemia ya salías muy temprano y llegabas tarde a casa, hasta los domingos, para asistir a tus siempre complejas actividades.

Así lo supe en la primera “botella dominguera” que nos brindaste en tu carro y que aprovechamos para quedarnos en la calle 23, cuando el reloj apenas marcaba las ocho de la mañana.

Siempre has sido así… sociable, servicial, sereno, con una vitalidad de envidia… Nunca olvidaré la primera conversación que sostuve contigo. Antes de ese momento sabía que había un nuevo vecino, vivía con su esposa. Te saludábamos cuando coincidíamos. Tú junto a Nayra. Seguíamos de largo. No sabíamos quién eras ni a qué te dedicabas.

Fue aquel día, cuando mi niña estaba ingresada en terapia intensiva en el hospital Marfán; supe de ti; todo de golpe. Aquel hombre que veíamos de pasada, bien tempranito cada día, era médico, y tenía un corazón grande, generoso. Llegaste a casa tarde del trabajo, de noche “para variar”. Nayra te dijo que la niña que vivía en el quinto piso estaba en el Marfán y allí te fuiste corriendo para saber qué sucedía y en qué podías ayudar.

El médico de Terapia me dijo “Durán, el del Ministerio, vino a verla”. Mi niña creo recordar que dormía. En medio del breve tiempo que me llevó ir hasta aquella oficina me preguntaba: ¿y quién será esta persona? Seguramente debía ser una equivocación porque yo no conocía a nadie con ese nombre o ese apellido. Eras tú. Habías ido a preocuparte por nosotros y a brindar toda la ayuda que te era posible dar. Quedé sorprendida y agradecida. ¡Cómo ese hombre había ido ahí… por nosotros… sin conocernos tan siquiera…? ¿Quién era aquel a quien los demás médicos miraban con tanto respeto?

Eras tú, el hombre grande al que le duelen los dolores ajenos, el que se preocupa, el que se acerca, el que ayuda aún sin que se le llame o se le pida, el que no descansa.

Ahora todos te conocen… porque entre tus muchas tareas, cada día informas sobre las últimas noticias acerca de la COVID-19 en Cuba. Orientas, reflexionas, analizas, hablas con lenguaje sencillo para que todos te entiendan y se conforten con tus palabras.

Me contó Nayra que el otro día, después de tu jornada, una señora te esperaba vigilante en la cuadra. Eran casi las diez de la noche y ella quería hacerse una foto contigo. Cansado de todo el día tuviste tiempo para una sonrisa compartida con alguien desconocido.

Eres así… humilde en tu inmensidad de ser humano. Eres el hombre que viste la sencillez y la llanura de los grandes. Honras los títulos de cubano, médico y epidemiólogo. Deseoso estás por ver la sonrisa segura y feliz de tu pueblo, sin nasobuco. Por eso tus desvelos, tu entrega, tu paciencia, tu honestidad…

En tu cumpleaños, mi familia te envía su sonrisa; agárrate de ella y aguanta un poco más… por ti… por Ana Paula… por Nayra… por tus hijas… por todos los cubanos que te aguardan cada mañana para abrazarte con el calor de la atenta mirada.

Editado por Lídice Valenzuela

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