Conversación en la pausa de un combate

El doctor Carlos Llapur López integró el grupo que inició la atención a los pacientes con la COVID-19 ingresados en el capitalino hospital Salvador Allende. Foto: Cortesía del entrevistado

El doctor Carlos Llapur López acaba de tener la más importante experiencia en su corta carrera como médico, iniciada en 2015, cuando se graduó con Título de Oro.

Con 29 años de edad trabaja como jefe de Sala y jefe de Grupo de Guardia en el capitalino hospital Salvador Allende, donde se desempeña como profesor instructor de Medicina Interna (especialidad que, siguiendo los pasos de su padre, el doctor Carlos Llapur Almaguer, culminó en 2018).

Aunque esperaba que tras la aparición de la COVID-19 en Cuba esa institución de Salud fuera incorporada en cualquier momento a la atención de los pacientes enfermos, por tener el antecedente de haber sido antes un bastión en el enfrentamiento al dengue y al zika, no dejó de sentir una fundada preocupación cuando le dijeron que integraría el primer grupo de médicos seleccionados para asumir allí el enfrentamiento a la pandemia.

“Se trataba de participar en el combate a una nueva enfermedad, altamente contagiosa y peligrosa, de la cual la comunidad científica internacional apenas empezaba a conocer algunas de sus características, y el riesgo de poder contraerla nosotros era y continúa siendo bien alto”.

Cuenta el doctor Carlos Llapur López que al principio estuvo a cargo de los pacientes en condición de sospechosos, pero una semana después la sala fue destinada para la atención de casos positivos confirmados.

“Ahí contamos con 14 camas que estuvieron ocupadas todos los días. Conmigo trabajaron dos excelentes enfermeros, quienes habitualmente se desempeñan en el salón de operaciones. Paralelo a la aplicación del protocolo de tratamiento establecido, redactábamos una historia epidemiológica con los antecedentes patológicos personales, tratamientos previos, fecha de contacto con casos de la COVID-19, cuándo comenzaron  los síntomas, en qué consistieron, forma de aparición y familiares en contacto con ellos desde el inicio de las primeras manifestaciones.

“Lo más estresante era la espada de Damocles que teníamos sobre nosotros a cada instante: la posible aparición de complicaciones entre los enfermos. El momento más difícil lo tuve con una paciente epiléptica que empezó a convulsionar. Justo en ese instante estaba comiendo y salí corriendo cuando la enfermera me avisó, muy nerviosa. Afortunadamente logramos controlarla y después evolucionó satisfactoriamente”.

“También nos preocupó que varios de nuestros compañeros del personal médico se contagiaran con el nuevo coronavirus, pero son los riesgos de nuestra profesión y hay que sobreponerse”; aseveró.

“Acabo de terminar mi segundo ciclo de trabajo asistencial con los pacientes ingresados, y después de pasar las dos semanas de aislamiento establecido y la posterior estancia de otros 14 días en el hogar, estaré listo nuevamente para seguir en la pelea contra la COVID-19”; concluyó.

Orfilio Peláez 

amss/Tomado de Granma

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