Leopoldo Romañach, formador de los pintores contemporáneos cubanos

Foto: ACN

Leopoldo Romañach fue nombrado profesor de San Alejandro en el 1900 y se le considera un renovador del arte en su tiempo. Con él termina la fase colonial en la pintura cubana y empieza una nueva era.

Considerado uno de los grandes maestros cubanos de la plástica durante los siglos XIX y XX y formador fecundo de tres generaciones de pintores, Leopoldo Romañach Guillén nace en Sierra Morena, Villa Clara el siete de octubre de 1862.

España lo acoge junto a sus hermanos cuando a los cinco años queda huérfano, sin embargo desde esa temprana edad se perfila en él su amor por el paisaje cubano representado en sus intentos por dejarlo plasmado en el papel, contrario a los deseos de su padre que deseaba encaminarlo en el mundo del comercio; afirman estudiosos de la vida y obra del gran artista.

A los 14 años regresa a Cuba y es enviado a los Estados Unidos para estudiar inglés y comercio, pero debido a su afición artística abandona sus estudios y regresa al país sin grandes logros.

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En Caibarién continúa su vocación artística y un tiempo después es aceptado en una beca en la Escuela de Bellas Artes de Roma, Italia; donde tiene como profesores a los pintores españoles Francisco Pradilla y Enrique Serra, y el eminente maestro Filippo Prosperi, director del plantel.

Mientras Romañach se preparaba en ese país fue privado de la ayuda económica que recibía del gobierno español al estallar en Cuba la Guerra de Independencia, en 1895; pero logró subsistir con la ayuda de sus amigos: el patriota villaclareño Leoncio Vidal, y la filantrópica dama cubana Marta Abreu de Estévez.

Al graduarse y regresar a Cuba ocupa la plaza de profesor en la Cátedra de Colorido de la Academia de Bellas Artes y luego viaja a París para estudiar las nuevas teorías pictóricas del impresionismo, con la cuales cambia los esquemas tradicionales de la enseñanza en la academia. De allí trae entre sus logros el éxito rotundo de La Convaleciente, cuadro reproducido y elogiado unánimemente por las más responsables revistas de arte de París, Londres y Madrid.

Fuentes consultadas apuntan también que la primera etapa de su obra evidencia una marcada tendencia hacia una concepción patética influenciada por el momento histórico-social en que se desenvuelve. De ese tiempo son las obras Nido de miseria, La abandonada, y otras.

El segundo período se ven más marcados los nuevos avances de la técnica pictórica, la tricromía y el impresionismo, al cual corresponden sus obras La promesa, La última prenda, La muchacha del abanico, La vuelta al trabajo y El ex voto, entre otras.

La tercera época de su trabajo evidencia el abandono de los temas patéticos, y va desarrollándose su más importante labor estética, lo cual podemos observar en Primavera, Campesina, Cabezas, Desnudo.

Personalidades destacan el talento y sus cualidades

Siendo muy joven le sorprendió pintando en el campo Pablo Ducassi, un amigo aficionado al arte pictórico; y le propuso que diera clases de pintura a sus hijos, lo que dejó atónito al joven artista, pues sinceramente se creía en posición de aprender y no de enseñar.

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Cuenta un artículo que en acto de homenaje a Romañach que le hicieran los alumnos de pintura de la Academia de San Alejandro y de la Escuela de Artes Plásticas Aplicadas, entre otras, en enero de 1943, el entonces director de la Escuela Superior de Bellas Artes se refería al trabajo de Romañach como pintor, como profesor, como formador de los nuevos pintores que ya se destacaban en la pintura contemporánea, y les recomendaba a los alumnos allí presentes que tomaran como norma la entereza de carácter y la honradez proverbiales del maestro.

“Es admirable cómo ha sabido conjugar la lealtad a los principios estéticos bajo los cuales se formó y la disposición generosa a acoger siempre con interés y respeto las formas posteriores de expresión artística. Es el más joven de nuestros viejos maestros”, afirmó un conocedor de arte.

“Leopoldo Romañach constituye un símbolo en la plástica cubana. Ese secreto fervor a la enseñanza no ha decaído un instante en tan largos años de trabajo, dando siempre todo su caudal de conocimientos y alentando continuamente a esa juventud que se ha venido sucediendo curso tras curso en San Alejandro”, afirman conocedores de su obra.

amss

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