Una sociedad justa y humana

Era el 16 de abril de 1961 cuando una revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes proclamaba en la voz de Fidel su carácter socialista en el cruce de las calles 12 y 23, y miles de fusiles se alzaron dispuestos a defender lo conquistado y seguir construyendo a sólo noventa millas del imperio la sociedad más humana y justa que nunca antes existiera en el hemisferio occidental.

Cincuenta y nueve años después esa populosa esquina de La Habana está casi desierta, porque para preservar y llevar adelante nuestro proyecto social, es preciso ante todo salvaguardarnos nosotros mismos del contagio de una pandemia que ha cobrado tantas víctimas en todos los confines del planeta.

No habrá por eso esta vez un acto multitudinario que recuerde esta histórica fecha frente al único monumento donde aparece y aparecerá en Cuba la figura del eterno líder de la Revolución, cuando convocaba a la inminente y primera batalla por el socialismo en nuestro continente.

No habría sin embargo una conmemoración más honrosa que la fehaciente demostración de que en las difíciles circunstancias actuales, una sociedad humana y justa como la nuestra sea tan consecuente con los definitorios pronunciamientos hechos por Fidel aquel memorable 16 de abril. Porque la Revolución Socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes no ha dejado a nadie desamparado ni desatendido en estos momentos, mucho menos a los sectores más vulnerables de la población cubana.

Quienes de tan mala fe han cuestionado durante mucho tiempo la eficacia y la eficiencia de nuestro sistema social, ahora debieran por pudor callarse ante los ingentes esfuerzos que Cuba realiza para no sólo disminuir, sino revertir más temprano que tarde los efectos de la covid-19 en el territorio nacional y en otras tierras del mundo. Pero bien sabemos que a los desagradecidos y a los asalariados del imperio les faltarán el decoro, el valor y la vergüenza para reconocer la luz del sol, y no sus posibles manchas.

Qué hubiera sido ahora de nuestro país de no haber emprendido el rumbo socialista y defendido contra viento y marea sus nobles ideales de equidad y justicia social. Quizás correríamos la terrible suerte de los desposeídos que sucumben a la pandemia sin siquiera recibir asistencia médica y sin merecer al menos una digna sepultura… incluso en la nación más poderosa de la Tierra.

Por eso esta noche del 16 de abril del 2020, debiéramos aplaudir no solamente al personal de la salud que con tanta abnegación y valentía se enfrenta diariamente al nuevo coronavirus, sino también -y con todas nuestras fuerzas- al líder inmortal que proclamara hace cincuenta y nueve años este socialismo que forjó en nuestro país una sociedad tan justa y tan humana, que se ocupa de todos y por el bien de todos.

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