El maestro Frank Fernández, una joya de la cultura cubana

Imagen tomada de Internet

Frank Fernández Tamayo, pianista y maestro, es considerado como una de las grandes joyas de la cultura nacional cubana; nació el 16 de marzo de 1944, en Mayarí Abajo, en la antigua provincia de Oriente.

Creador de la escuela cubana contemporánea de piano, se ha nutrido, en su carrera, de la importantísima escuela rusa y de otras fuentes de la sabiduría europea; pero también ocupan en su formación un sitio fundamental los grandes de la pianística y la composición cubana, como Sindo Garay y Manuel Corona. Frank Fernández es el resumen vivo de esta parte vital y fundamental de la historia de la música cubana.

Desde muy pequeño pasaba horas observando el movimiento de las manos sobre el teclado de Altagracia Tamayo, su madre, profesora de piano y directora de la Academia Orbón, quien también lo estimuló a que se iniciara en el mundo de la pianística.

 A los 15 años se hace profesional, con una excelente preparación, y su desarrollo y evolución durante los restantes 45 años de su vida demostraron que “había madera”.

Acerca de su formación pianística declaró al ser entrevistado en una ocasión: “Hay tres pilares fundamentales en mi carrera, pero ninguno de los tres es más importante que el otro. La enseñanza de mi madre fue fundamental. A los cinco años ya tocaba piano porque la escuchaba a ella constantemente y a otros maestros. Margot Rojas me dio la herencia del siglo XIX. Pero si no hubiera ido a la escuela rusa a perfeccionarme, no podríamos hablar de una carrera tan laureada como la que creo tener ahora”.

Su vida artística le ha servido para lograr el reconocimiento, y sobre todo el amor de su pueblo como parte y símbolo de la cultura cubana; y además de ello, la valoración crítica, a propósito, muy saludable, que ha recibido por parte de un considerable número de músicos y críticos musicales de Cuba y de infinidad de partes del mundo.

Una de las críticas, aparecida en el France Press de París, escrita por P. San Román, expresa acerca del maestro cubano: “El público que colmaba la Sala uno de la UNESCO en la celebración por el cincuentenario de esta organización en París, se rindió al pianista cubano ovacionando de pie cada una de sus interpretaciones, culminando con un delirio de aplausos”. Mientras que Alfredo Fermín, valenciano, sintéticamente expresara: “Un verdadero monstruo en la interpretación del piano. Frank Fernández, un ser tocado por la divinidad”.

Según los estudiosos de su obra la personalidad de Frank, en el sentido más estricto del concepto desde el enfoque psicológico, se caracteriza por sus capacidades; las cuales demuestra en el dominio de una depurada y personal técnica pianística, pudiéndose afirmar que hay “un pianismo a la manera de Frank”.

“Su dinámico temperamento y su alto nivel de creatividad le aportan brillantez y enriquece sus capacidades; y finalmente, su carácter, sus cualidades humanas, su forma de andar por la vida, logran esa integridad que conceptualiza en el sentido más estricto a la tan llevada y traída personalidad. Sus cualidades carismáticas completan el fenómeno “Frank Fernández”.

Si a su tenacidad, su fuerza de voluntad; y sobre todo, su sinceridad, le agregamos su oficio de maestro, su entrega total al desarrollo de nuestra cultura nacional, unido a su proyección internacional, la explicación a esa diversidad de públicos, de géneros que interpreta de forma magistral y a su derecho a trascender en la historia de la música y de la cultura cubana, están sobradamente fundamentados”.

Premios y reconocimientos en su carrera artística

Se pudiera citar su recital en Tokío, seleccionado entre los 10 eventos más importantes de Japón en 1992; su interpretación del Concierto No. Uno de Tchaikovski, en la misma Sala Smetana de Praga, en la que 100 años antes fuera estrenado por el propio Tchaikovski como director de orquesta; ser el primer latinoamericano en estrenar en una sala de Cámara en Alemania, el Schauspielhaus de Berlín, abriendo el Ciclo Grandes Maestros del Piano; y su presentación en la gala de clausura por el cincuentenario de la UNESCO en París; entre otros importantes eventos, apunta un artículo consultado.

Doctor Honoris Causa en Arte, la Orden “Félix Varela” de Primer Grado y todas las distinciones y órdenes otorgadas por la Cultura Nacional, con el Premio Rafael Alberti por “aportes a la humanidad”, con el “Escudo de Bogotá”, entre otros, son los reconocimientos más destacados del artista.

El maestro Frank Fernández

Como maestro, forma en el país a los primeros alumnos laureados internacionalmente, los cuales solo recibieron el magisterio de su docencia en Cuba; y no en conservatorios foráneos, obteniendo estos discípulos decenas de premios internacionales en concursos como el Tchaikovski y el Margaret Long, entre otros.

Sobre la docencia ha declarado: “Enseñar es un apostolado, y tan obsesivo como el concertismo y la composición. Pero me di cuenta de que se estaba afectando mi carrera. Dejar la docencia fue una decisión altruista, no vanidosa”.

No obstante esas declaraciones, también reconoce que aunque salió formalmente del aula, incluso por su carácter, nunca dejará de ser pedagogo.

Sobre los sentimientos que le provocan ser maestro ha dicho con pasión: “Es un placer extraordinario. Es hacer un acto de magia. Es como sacar un conejo de un sombrero. Es una tentación, una curiosidad fascinante de intuir que ese otro ser humano tiene una capacidad escondida que no ha podido salir a flote y que tengo los chips para poder sacarlos”.

“Todos mis alumnos son como los hijos. Hay uno que está más cerca. Hay unos que nos complacen, hay unos que nos manipulan, hay otros que son más torpes, hay otros desagradecidos, otros hacen lo contrario. Pero todos son hijos de uno. Y todos lo enseñan un poco a uno, a conocerte a sí mismo. Yo he aprendido con mis alumnos mucho más de lo que les he enseñado. Y les he enseñado mucho”.

“Yo no puedo dejar de enseñar lo que tengo. Hay dos placeres que yo ya he aprendido a vivir con ellos. A pesar de que tengo todos los egoísmos y todas las vanidades de todos los seres humanos del mundo, disfruto más dando que cuando recibo; y cuando me enfrasco en cualquier comunicación con otro ser humano, siento a veces la necesidad, insolente, y a veces mal agradecida, de enseñar. No sé por qué. Conclusión: yo no he dejado la docencia”.

amss

Impactos: 7

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

cuatro × 5 =