Vivir por el periodismo

En su opinión, la experiencia de los periodistas de mayor edad es imprescindible  en la formación universitaria

Lídice Valenzuela es de las primeras generaciones de periodistas que se graduaron en Cuba, después del triunfo revolucionario en 1959. Desde hace 51 años se mantiene dando lo mejor de sí en la profesión que le apasiona.

¨Cuando me gradué me designaron para trabajar en el periódico Granma y puedo decir que fue la etapa más feliz de mi vida. En Granma siempre hubo un espíritu de pertenencia, de trabajo, que en mi modesta opinión ya es difícil de encontrar en las redacciones. Para mi hacer periodismo es una diversión, no una imposición y la interacción en el colectivo mejora el ambiente de trabajo y te hace feliz. Era un colectivo muy unido, muy bueno y sigue siendo así, hasta cierto punto.  Me enseñaron muchísimo dos personas, Mirta Rodríguez Calderón, una gran periodista, y el fotógrafo Jorge Valiente, recientemente fallecido.  Muchos estudiantes cuando se gradúan creen que lo saben todo, pero en realidad uno sale ciego de la universidad, quieres abarcar tanto que ni ves. Siempre hace muchísima falta la experiencia de los experimentados;  los que ya tienen un obra, ellos son los que te enseñan de verdad lo que es hacer periodismo. en el día a día¨.

Sobre su experiencia sobre el periodismo que le tocó y toca hacer, indica que

¨Tengo la satisfacción de haber hecho coberturas de importantísimos eventos, en Cuba y en el extranjero, desde recorridos internos junto al Comandante Fidel Castro, hasta viajar por algunos países donde tuve experiencias maravillosas. Igualmente las he tenido aquí, pues he conocido personas increíbles, desde el farero de San Antonio hasta Gabriel García Márquez. Mi vida profesional ha sido, según pienso, muy enriquecedora, pues viví otras realidades, otras maneras de pensar y vivir, otras culturas. Claro que en ello hubo una cuota de sufrimiento. Sí, porque he visto la miseria, el atraso, la violencia, la discriminación en los países de América Latina. Realmente esas cosas duelen mucho. Le parte a uno el corazón a pesar de la distancia que pone el periodista con respecto a ciertas situaciones, pero cuando ponemos la cabeza en la almohada a veces hasta se llora, aunque esas emociones no pasen a las cuartillas.

Valenzuela tiene el honor de ser la única periodista cubana que enntrevistó a Gabriel García Márquez, quien no era muy dado al intercambio con otros colegas.

Ella considera que ¨es un honor que me llevaré toda la vida. Digo honor porque a Gabriel no le gustaba que lo entrevistaran y estaba disgustado con antiguas direcciones de Prensa Latina, que era donde yo trabajaba, por lo que considero esa entrevista un logro profesional. Estuvimos cuatro noches conversando y nos cogía la madrugada. Me interesaba todo de él, porque cuando leí Cien Años de Soledad me preguntaba:¿De dónde este hombre sacó estas historias? Tienen que ser tomadas de algún lugar de su vida y él lo que ha hecho es una gran exageración. Pude convencerlo de transmitir la entrevista por la agencia –pues al principio estaba absolutamente negado-. y se publicó en más de un centenar de medios. Me sentí muy realizada, y dio pie a otras interrogantes, pues entonces me propuse irme al Caribe colombiano a buscar a los personajes de la novela. Allí llegué por pura tenacidad y ayuda de varias personas, y encontré las historias. Escribí entonces el libro ¨Realidad y nostalgia de García Márquez¨ y un documental de igual título¨.

Para esta profesional que ha laborado como reportera, editora y corresponsal, autora de tres libros, el periodismo le ha exigido muchas horas fuera de su hogar,  meses o años fuera del país, tardes de sábados y domingos en la redacción. Entonces¿cómo lograr el equilibrio entre eso y formar una familia?

En su caso, considera que ¨si a alguien le tenemos que agradecer las periodistas es a la familia. ¨Una mujer periodista que tenga hijos, responsabilidades hogareñas, si no tiene el apoyo de la familia le resultaría muy dificil desarrolarse no puede hacerlo todo. Mi mamá, cuando nació su nieta, dejó su empleo, porque sabía que era ella o yo. Tuvimos una conversación larga y ella me dijo “ahora te toca a ti”. Gracias a mi madre pude desarrollar mi  carrera, porque nunca me puso un pero… , “¿Te tienes que ir tres días para lo último de Pinar del Río?. Vete”. “¿Te tienes que ir a tal país? Te vas, que aquí no pasa nada”. Mi madre fue mi sostén´.

El por qué se jubiló siendo una enamorada de su profesión fue un acto de amor y de justicia con su madre.

¨La verdad es que no pensaba retirarme nunca: de hecho no lo hice, pues sigue en plena actividad profesional, pero debí hacerlo oficialmente porque tenía una deuda de amor con mi madre. Ella se puso muy enferma. Los últimos cinco años de su vida los pasé a su lado, retribuyéndole todo el amor que ella puso en mí¨.

Esta mujer que posee un aura de entusiasmo y de deseos de seguir haciendo, preocupada por la formación de los jóvenes periodistas. Después de cinco décadas de trabajo continúa con ideas arriesgadas y no hay un día en que no escriba..

“Sigo haciendo lo que me gusta. Escribo comentarios de política internacional para la revista digital Cubahora desde hace 12 años. Es muy satisfactorio, pues se trata de un colectivo joven, que sabe escuchar y compartir ideas. Por otro lado, me siento útil y apreciada como especialista de arte radiofónico en la Dirección Provincial de Radio de La Habana. Trabajo directamente con los sitios web, donde también hay muchas jóvenes, muchas mujeres inteligentes, que van al ritmo de estos tiempos”.

Respecto a su labor en el magisterio, comenzó cuando era casi una niña, cuando participó en la Campaña Nacional de Alfabetización. Junto a su carrera, y preocupada por la superación profesional, ha impartido varios talleres y cursos (varios organizados por la UPEC de La Habana), y también en la Universidad de La Habana, donde fue catalogada como profesora auxiliar.

A ella le preocupa que la Facultad de Comunicación Social no aproveche la experiencia de las decenas de periodistas ya jubilados que pueden colaborar en la formación de los futuros profesionales, y así lo han hecho saber en la delegación de Asesores de la UPEC, en la que se agrupan.

¨En varias reuniones, recuerda, hemos ofrecido nuestros conocimientos para un mayor acercamiento a la Facultad. Podemos dar clases, conferencias, transmitir experiencias. No nos llaman. Hay algunos que desde hace años se insertaron como profesores permanentes. Pocos. Le hemos ofrecido mil veces a la universidad nuestra experiencia, pero quizás piensen que estamos alejados de la informatización, o atrasados en el conocimiento del periodismo moderno. Error. No se. Vivo convencida, porque me pasó, que de los profesionales experimentados se aprende muchísimo. Pienso que les será muy útil en su futuro aprender de nuestras experiencias, del choque con la realidad, aunque por supuesto no desecho la teoría. El 12 de agosto cumplo 75 años, y aunque sé que no me queda mucho tiempo, por ley natural de la vida, puedo decir que he sido feliz porque he hecho lo que me gusta, a mi manera, atrevidamente o no, con menos o más éxitos, pero siempre buscando nuevas historias, trabajando mucho. No me arrepiento absolutamente de nada de lo realizado en mi profesión o en mi vida. No hay nada que haga más feliz a un ser humano que desempeñarse en lo que le gusta, y por eso sigo buscando la calidad, la sinceridad, el dar el pecho cada día. Sigo en línea con las ideas revolucionarias existentes en Cuba, como siempre,  51 años después de que me entregaran mi diploma de graduada. Mi hija me dice que cuando muera, el recuerdo que va a tener de mi es verme sentada delante de una máquina, sea mi vieja Remington, o la computadora, también ya superada en el tiempo.

Susana Besteiro Fornet, estudiante de periodismo

 

 

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