La Coubre: el precio de la libertad

Allí estaban esposas, hijos y hermanos del centenar de seres que fueron asesinados. Algunos contaron cómo hace 60 años entre escombros recogieron los cuerpos despedazados de obreros, policías, bomberos y soldados rebeldes que perdieron su vida en el sabotaje al barco francés La Coubre, en el puerto de La Habana. Otros narraron la agonía sufrida durante días tratando de curar heridas que al final llevaron a la muerte a sus seres queridos.


El mar también quedó como testigo. Ese mismo mar que ahora vio ondear la bandera y escuchó reiteradamente la consigna de ¡Patria o Muerte!, que por primera vez allí entonces pronunciara Fidel Castro.

En el lugar donde ocurrió el sabotaje, el pueblo de la ciudad se reunió junto a sobrevivientes y familiares en un acto presidido por Omar Ruiz Martín, miembro del Secretariado del Comité Central del Partido, Luis Antonio Torres Iríbar, Primer Secretario en la capital, Ana María Mary Machado, Vicepresidenta de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado, además de Carlos Rafael Miranda Martínez, Coordinador Nacional de los Comités de Defensa de la Revolución, entre otros.

Con palabras sentidas, Alberto Felipe Codina Carril, hijo de Manuel Francisco Codina, víctima del crimen, recordó que su padre estaba destrozado por las ondas expansivas de las explosiones y completamente negro debido a las quemaduras. Lo reconocieron por las huellas dactilares, su dentadura y cicatrices de operaciones anteriores al suceso. Dijo que en aquel mismo momento lo colocaron en un féretro y lo cubrieron con la bandera cubana.

Al rememorar aquel atentado, Luis Antonio Torres Iríbar explicó que debido a la actuación de grupos de bandidos y sabotajes durante los primeros meses de la Revolución, el joven gobierno comenzó a gestionar la adquisición de técnica de combate.

Comentó que autoridades norteamericanas trataron de impedirlo a toda costa, pero el barco francés La Coubre logró arribar al muelle habanero el cuatro de marzo de 1960, proveniente de Bélgica. Recordó que pocas horas después de su llegada al espigón, se activaron dos bombas entre las armas y municiones mientras los obreros descargaban el navío.

Ante la inmediata reacción del pueblo y sus dirigentes que acudieron a auxiliar a las víctimas –dijo- se produce la segunda explosión más potente aún, que dejó un mayor número de muertos y lesionados. Más de cien fallecidos y 400 heridos fue el saldo del vil crimen, entre estos últimos 44 humildes obreros portuarios y seis tripulantes franceses.

Iríbar rememoró que Fidel, Almeida, el Che y otros líderes se fundieron con el pueblo en el rescate. También citó palabras del Comandante Ernesto Che Guevara en aquel momento: “Nuestra libertad y su sostén cotidiano tienen color de sangre y están henchidos de sacrificios. Nuestro sacrificio es consciente, cuota para pagar la libertad que construimos”.

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