Sensibilidad, entrega, modestia: Juan Almeida Bosque

Juan Almeida Bosque. (Foto: Radio Reloj)
Juan Almeida Bosque. (Foto: Radio Reloj)

La vida te sorprende. Y te da la oportunidad de conocer a hombres de una estatura gigante. Hay seres divinos, de carne y hueso, quienes tocan con sus manos obras que hacen perpetuas.

Hace ya casi tres décadas bastó, una frase, un abrazo y par de chistes de Juan Almeida Bosque, para que este reportero reaccionara, en uno de esos momentos cuando piensas que te traga la tierra, y en medio del bregar, de la epopeya diaria, ves muchas puertas cerradas.

Hoy, 17 de febrero cumpliría 93 años el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, quien nació en La Habana en una familia pobre de 11 hermanos, y que con sólo el octavo gravo vencido, tuvo que comenzar a trabajar como albañil.

Fue precisamente otro albañil, su amigo y vecino del capitalino Reparto Poey, Armando Mestre, quien lo vinculó a la llamada Generación del Centenario, encabezada por Fidel Castro.

Almeida fue amante de la lectura y su labor como taquillero, mozo de limpieza y constructor en el Balneario Universitario le permitió acercarse a estudiantes y actividades culturales y políticas. Allí conoció a Fidel en una amistad, cariño y respeto que les unió para siempre.

Como las anécdotas del músico-Comandante serían interminables, en este homenaje sólo voy a referirme a tres.

La primera fue vísperas del asalto al Moncada, cuando Armando Mestre fue presuroso a buscarlo a una obra en construcción en el barrio habanero de Nuevo Vedado y le dijo: “Tenemos que salir para Oriente a una práctica de tiro”.

Almeida respondió en broma: ¿Tan lejos? ¿Vamos a tirar con calibre 50 o con cañón para ir tan lejos?

Luego, cuando llegaron a la Granjita Siboney y repartían uniformes de la tiranía de Batista que les sirvieran de camuflaje antes de salir para Santiago de Cuba, Almeida le dijo a Melba Hernández: Yo quiero uno de Sargento, y ésta le respondió en el mismo tono jocoso. ¿De Sargento?… no, porque no tienes el tipo, no eres alto, ni fuerte, ni gordo, ni barrigón. Ambos rieron por largo rato en medio de las tensiones.

Pero, sin dudas una de las cosas que más asombra de Juan Almeida, más allá de su valiente postura en el juicio, la prisión, el exilio, el Granma, la Sierra, sus más de 300 bellísimas canciones, de su pasión en el combate y luego por el trabajo, de la docena de libros escritos, fue aquel hecho que por modestia mantuvo en silencio durante décadas y décadas.

Todo ocurrió tras el duro desembarco del yate Granma en Los Cayuelos. Las fuerzas del ejército sorprendieron a los expedicionarios al borde de un cañaveral en el lugar conocido como Alegría de Pío.

En medio del combate desigual, Almeida rescató al Che Guevara que estaba herido en el cuello, y cuando algunos conminaban a deponer las armas, Juan Almeida Bosque gritó con todas sus fuerzas: ¡Aquí no se rinde nadie, c….! … y luego una palabrota.

Esa expresión fue atribuida al Comandante Camilo Cienfuegos, otro con valor a toda prueba, hasta que como dije, décadas después, no recuerdo bien si fue en medio de un Congreso del Partido Comunista de Cuba, los máximos dirigentes del país dijeron ante todos, que había sido Almeida y no Camilo quien enardeció a los expedicionarios con aquella frase.

Entonces, yo era un joven, que vio por instantes en la televisión cómo se le aguaron los ojos y se apagó por segundos la perenne sonrisa en la cara de aquel mulato que años después vino hasta mí, a rescatarme, con un abrazo.

moda/rm

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