La Habana de Ileana Mulet

Zona costera. Foto: Cortesía de la artista

Quizá este podría ser el gran secreto de su trabajo: una pintura ensimismada, silenciosa, casi susurrante, que conversa en voz baja, como si hablase para sí, pero afirmando realidades con las formas y el color, o más bien, mirando con ojos de poetisa a su alrededor y hasta más allá del tiempo.

Por eso, La Habana aparece en la más reciente exposición de Ileana Mulet, expuesta en una de las galerías de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, como homenaje al Aniversario 500 de la Ciudad Maravilla, repleta de mar y poesía, se transformó, en sus óleos y acrílicos sobre tela que cruzan un tiempo en este siglo XXI, en una Zona costera.

Ileana Mulet. Foto: Cortesía de la artista

En la obra de la artista hay, evidentemente, grandes dosis de silencio. Todos participamos del silencio desprendido de los objetos y personas que emanan de sus paisajes citadinos. Un silencio que nos invita a la reflexión, a revivir el diálogo establecido previamente por la artista con los temas. Una conversación casi exclusivamente de miradas que evolucionan con el tiempo al enfocar una y otra vez nuestra ciudad. Una mirada que sabe enriquecerse con lo que ve.

En la muestra, la ciudad y el mar que la bordea son los protagonistas absolutos. ¿El mar? Cuando la palabra cruza ante nosotros, vienen a la mente la inmensidad, lo azul, la profundidad y sus misterios, la lejanía, no existe en el vocabulario humano algo que caracterice más la distancia que el mar… También nos recuerda la transparencia, y la oscuridad. Y aquí se entronca con Ileana Mulet… Con sus pinceles, y la paleta repleta de tonos y mucha poesía, la creadora nos cuenta historias entre imágenes que llegan también del alma, del sentir interno, entrecruzadas con lo real maravilloso de estas tierras caribeñas matizadas de transparencias…   

Para “degustar” con aprovechamiento la pintura de Ileana Mulet hay que tener muy en cuenta el espacio. Y no solo el espacio, sino también la materia cuerpo, el signo, el sonido y la memoria de la realidad que suscitan.

Paisaje bello bagísima R 100x 80 cm oleo tela 2018 Foto: Cortesía de la artista

La exigencia espacio —sígnico— corporal declara su creencia en la pintura y un respeto por ella como vehículo expresivo del pensamiento y la experiencia notables de su autora. Para que su destino entre en la pintura, organiza un espacio plástico con un código propio. Sin renunciar a la sensualidad y al éxtasis sensorial que está plasmado en su quehacer pictórico, la artista habla del tiempo detenido en las construcciones antiguas que su vista alcanza en los recorridos por la ciudad. 

Conventos, relojes, iglesias, casonas coloniales, constituyen fuentes eclécticas que se integran a sus concepciones formales, y donde emergen códigos llegados de juegos intertextuales, distribución de la luz en zonas focales que enfatizan la atmósfera singular de sus creaciones y esos efectos fantasmagóricos, que alcanza a través de una sabia aplicación del color y las texturas.

Copy_of_Marea_baja_y_roja_oleo-tela_60x70cm_2014_(640×548 Foto: Cortesía de la artista

Son una suerte de notas y movimientos de una sinfonía visual que amalgama todo en el estrecho marco de los cuadros: sus límites cardinales, la verticalidad u horizontalidad de sus desarrollos; la vibración de las superficies; los espacios centrales, llenos con sonido de color o vacíos, pausas estáticas; los descansos tonales, a la manera de los silencios súbitos de la música contemporánea; los temas seriales, toda una compleja y apasionante dialéctica que establece, en primer lugar consigo misma y luego con el público.

Toni Piñera / Tomado de Tribuna de La Habana

 

 

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