Que el amor sea la moda

Quizás hoy amaneció una flor junto a cada almohada, un beso fue el primer indicio de la suerte y un abrazo delimitó el espacio donde sólo caben dos.

El día comenzó a cumplir tempranamente sus presagios antiguos, como si todo el tiempo del mundo se hubiera detenido en una fecha, semejante al ritual de una caricia.

El amor –ese hallazgo cotidiano- hoy decreta su día, cual si no le bastara con abarcar el universo. Es ávido el amor, que hoy se erige en profeta de sí mismo para anunciarse eternidades desde estas veinticuatro horas que le tributan sus deudores.

Y también es generoso el amor, con ese batir de alas, con esa música de cuerpos y de almas, y con ese empecinado sortilegio que pretende que todos los días de la vida se parezcan al catorce de febrero, para ser consecuentes con un hermoso reclamo martiano devenido urgencia de unión y bien querer en estos tiempos desafiantes: “Que el amor sea la moda. Que se marque al que no ama para que la pena lo convierta.”

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