Los días de Soriani

El periodista argentino Hugo Soriani

En algún lugar leí que el periodismo literario es aquel que no ficcionaliza la realidad; sino que la hace aún más real, al apartarse de las convenciones informativas. De esta manera, Los días eran así (Ed. Octubre), título que el argentino Hugo Soriani acaba de presentar en la Feria Internacional del Libro de La Habana 2020, encaja a la perfección en esa categoría. Mas no importan las etiquetas, cuenta mucho más el hondo calado de su escritura en la revelación de la memoria de una época, una generación y un país.

Soriani ejerce el periodismo en un órgano de prensa que él contribuyó a fundar, Página 12, hombro a hombro con Ernesto Tiffenberg, Jorge Prim, Víctor Santa María y Pancho Meritello. En ese diario, rara avis en una nación donde los principales medios de comunicación responden a intereses oligárquicos o neoliberales, Soriani suele publicar sus notas en la contratapa. ¿Crónicas, relatos testimoniales, anécdotas, evocaciones? Las fronteras se desdibujan. Palpita la actualidad aun cuando un tema tenga que ver con el pasado; y pesa la opinión del autor, su apasionante subjetividad.

Una selección de las notas de contratapa conforman el cuerpo de Los días eran así. Soriani escribe de lo que han vivido su gente y él mismo; la experiencia de los nueve años encarcelado por una dictadura militar que registra un nefasto récord de muertes y desapariciones; de las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo, de los sobrevivientes del horror. Pero sobre todo escribe de los que no se dejan caer, de los que junto al rosarino Fito Páez cantan “quién dijo que todo está perdido / yo vengo a ofrecer mi corazón”.

Por cierto, el título del libro huele a rock rebelde; conecta con una canción de León Gieco, A nuestros hijos, que Hugo escuchó poco después de la excarcelación. Las crónicas transpiran rock por los cuatro costados, como para hacernos saber el valor de músicas inspiradoras, emblemas de una generación que transmite esa reserva simbólica a la juventud de hoy.

Hay también mucho de vivencias cotidianas, de fútbol y  tertulias de bar. De querencias y amistades, de gente común. Es un retrato poliédrico de sociedad, donde las pequeñas historias engarzan con la Historia.

Soriani confiesa que en cierta medida Eduardo Galeano, con sus viñetas memorables, planea más de una vez por la prosa del libro. Pudiera ser. Yo sentí otro tipo de aproximación –no en estilo, sino en ética y compromiso–, la que le viene de un compatriota suyo al que nunca debemos olvidar: Rodolfo Walsh. 

Pedro de la Hoz / Tomado de Granma

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