La psicología de la persona obesa

La obesidad puede definirse como una enfermedad crónica capaz de ser controlada pero no curada, de forma tal que si se abandonan los métodos que la mantienen bajo control, vuelve a irrumpir en el organismo de la persona afectada.  Es también una enfermedad generalizada, muchas veces incontrolablemente progresiva y producida por múltiples factores. 

En todo el mundo se ha convertido en un problema de salud pública pues genera un incremento de la morbilidad asociada y de la mortalidad y un aumento de los costos sanitarios y humanos. Es la quinta enfermedad más importante del mundo y por eso puede considerarse una pandemia, siendo un importante factor de riesgo de la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.

Beneficiosa panorámica de la obesidad

Muchas personas, de forma un tanto simplista, la achacan a la mala nutrición o al sedentarismo del obeso y lo consideran una persona débil de carácter pues en sus manos se encuentra la solución de su problema; dejan de lado otros aspectos esenciales como son la herencia, los malos hábitos nutricionales aprendidos en su infancia y con determinada fijación en sus acciones cotidianas, así como los aspectos psicológico y psiquiátrico del sufriente obeso.

A la obesidad se asocian la ansiedad, la falta constante de saciedad, los conflictos psicológicos y una elevada impulsividad. Y a veces es difícil abordarla exitosamente si no tratamos la parte psiquiátrica del afectado.

Frecuentemente  la obesidad se relaciona con alteraciones psiquiátricas como la ansiedad, la depresión, las adicciones o los trastornos de la conducta alimentaria.

La relación entre obesidad y enfermedades mentales existe, pero aún  no se conoce si ella es su causante o a la inversa.

En muchos obesos el estado de ánimo influye en la forma de su alimentación. El simple hecho de estar alegre o deprimido puede influir en cómo y lo que come. La comida se convierte muchas veces en el refugio más fácil y accesible para los pacientes, pues la acción de comer puede generarles sensaciones de bienestar y de placer.

Obesidad de doble dirección

Debido a la relación doble dirección entre obesidad y trastornos psiquiátricos, la mayoría de los pacientes con obesidad se beneficiarían de un abordaje integral, incluido el psicológico; no solo por el papel jugado por los trastornos emocionales, sino por las consecuencias de sufrir de baja autoestima y rechazo social asociados a esta enfermedad, capaz contribuir e incrementar el desarrollo de depresión y ansiedad.

Por supuesto, es necesario abordar a cada paciente de forma individualizada en relación a su personalidad y su entorno, pues  la variedad de procesos psicológicos implicados en la obesidad orienta a esa necesidad.

La base del manejo de la obesidad

Se necesita aportarles recursos emocionales, educativos nutricionales y sociales con el objetivo actuar sobre sus conocimientos y sus emociones y costumbres, consecuencia y causa de la enfermedad, así como capacitar al sujeto para diferenciar entre la ingesta necesarias para cubrir sus necesidades diarias en nutrientes y aquello inadecuado tanto por su mala calidad como por su cantidad.

Centrarse solamente en la actividad física y la nutrición es ineficaz,  pues una enfermedad tan compleja no se puede solucionarse poniendo paliativos solo a estos  dos aspectos.

El tratamiento de la ansiedad, el estrés y el malestar asociado a diferentes conflictos emocionales mejora el pronóstico de la obesidad y ayuda a que el tratamiento sea exitoso y mantenido de manera permanente como un adecuado y definitivo estilo de vida dada las ganancias percibidas por quien sufrió esta enfermedad con tantas minusvalías físicas y mentales asociadas.

Objetivo final del tratamiento de la obesidad

El objetivo final perseguido por el tratamiento para la obesidad es crear un  paciente autónomo y responsable con su vida. No se trata de enseñarlo a disminuir la comida, si no de cambiar la chatarra por lo saludable y hacer del acto de comer algo agradable y no enfermizo.

Se deben capacitar a los pacientes para ser los responsables de su propio accionar. De esta manera, aprenderán a quererse y a cuidarse desde la propia autoestima, desde la propia conciencia, y no desde la obediencia. Cuando uno obedece no entiende los procesos, pero cuando es uno  responsable de algo para su propio beneficio, lo maneja distinto.

Para un tratamiento exitoso y definitivo de la obesidad se deben tener amplios conocimientos tanto de la parte física del organismo como de la mental.

Al dotar a los pacientes de recursos emocionales, cognitivos y educacionales sobre la nutrición y la actividad física, le posibilitan reducir cualquier recaída.

M.Sc. Dr. Alberto Quirantes Hernández
Master en Ciencias y Profesor Consultante
Jefe del Servicio de Endocrinología 
Hospital Docente Dr. Salvador Allende

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