El cartel cubano en una época emergente

"La modelo y la vietnamita", cartel de José Gómez Fresquet. (Foto: Museo Nacional de Bellas Artes)
“La modelo y la vietnamita”, cartel de José Gómez Fresquet. (Foto: Museo Nacional de Bellas Artes)

Las artes plásticas cubanas cambiaron su rumbo con el triunfo de la Revolución en 1959. La fuerte conmoción provocada por este evento empeñado en alcanzar beneficios sociales añorados y amenazados una y otra vez por enemigos despiadados, concentró a los artistas en la elaboración de un arte al servicio de la sociedad.

Muchos abandonaron los predios subjetivos del expresionismo abstracto y el aséptico arte concreto, para reflejar la épica y el dramatismo de aquellas circunstancias.

En las décadas del 60 y 70 el cartel cubano tuvo su “boom” al desprenderse de la publicidad comercial, cambiar los códigos de comunicación y crear inéditos caracteres revolucionarios que fueron bien aceptados por el pueblo. Se convirtió en un objeto de colección y estaba en todas las instituciones y casas de aquella época.

Sucesos violentos del contexto como el desembarco de mercenarios norteamericanos por Playa Girón; las continuas presiones de guerra psicológica y propaganda anticomunista diseñada desde los centros de poder y ejecutada por segmentos apátridas al servicio del dinero, explican el tono y la temperatura de un arte emergente –el cartel revolucionario— tanto en sus formas como en sus contenidos y que vendría a sacudir los gustos estéticos de los años 60.

En 1962 se creó el Taller Experimental de Gráfica de La Habana para explorar las técnicas de reproducción múltiple, principalmente la litográfica, con el objetivo de ampliar los alcances de un arte al servicio de los nuevos tiempos y capaz simultáneamente de originales diseños atentos a las corrientes artísticas contemporáneas (el Op y el Pop Art).

El desarrollo grafico logró un cambio inusitado. A pesar de la escasez de recursos técnicos y materiales, propasó los límites comerciales de la publicidad para erigirse como creación artística. Surgen así los inolvidables “gritos en la pared”, generados en el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos; el imperecedero cartel Canción Protesta de Rostergaard; los excelentes diseños del semanario Lunes de Revolución; entre otros eventos significativos.

De los hechos asociados a Girón y de otros que vendrían después, nace una generación de creadores insignes en la cartelística cubana: al frente de ellos, un nombre imprescindible: José Gómez Fresquet-Frémez, creador emergente surgido al calor de las circunstancias épicas conocidas. Se convertirá en uno de los artistas más consecuentes de su época y ejemplo de la excelsitud alcanzada por la gráfica en la década del 60 en nuestro país.

A tantos años de la victoria en Bahía de Cochinos se impone un recuento merecido del papel jugado por la cartelística cubana, siempre atenta a las voces de la tierra.

Valga evocar su magisterio en la defensa del proyecto político y humano más fecundo del siglo XX en América: el triunfo de la Revolución y su radicalización como proceso social a partir de acontecimientos claves de la historia nacional como la victoria del pueblo en las arenas de Playa Girón.

 

moda/rm

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