Por La Habana, lo más grande… ahora y después

Mucho se ha hecho para que nuestra Ciudad Maravilla cumpliera sus 500 años engalanada, pero queda también mucho por hacer para que sea una ciudad mejor.

Cuanta alegría hemos recibido los cubanos al palpar las transformaciones que se vienen dando en la isla para beneficio del pueblo directa e indirectamente.

De los habaneros ni hablar pues la inauguración de nuevas obras y la restauración de muchas otras junto a diversos cambios para un mejor funcionamiento de la sociedad han hecho del aniversario 500 de San Cristóbal de La Habana un acontecimiento histórico imperecedero.

Eterno será el agradecimiento de todos los cubanos a ese fiel novio de La Habana, aunque enamorado de toda Cuba y a las que ha dedicado toda su vida; el Dr. Eusebio Leal Spengler.

Gran satisfacción hemos sentido al ver inmersos en el marco de todas estas tareas y obras a la más alta dirección del país y a las máximas autoridades del Gobierno y Partido en la provincia, chequeando las obras, conversando con el pueblo en las calles, orientando, viendo problemas e indicando soluciones; estilo de trabajo imprescindible en nuestra democracia socialista.

Pero muchos son los problemas acumulados a lo largo de todos estos años en lo que a construcción y mantenimiento de la ciudad se refiere, ya sea por las limitaciones que el bloqueo de Estados Unidos nos ha impuesto o por el descuido, dejadez y limitaciones del pensamiento en quienes debían de atender esos problemas.

Más allá de analizar las causas hoy el país en general está enfrascado en las soluciones de los problemas que subsisten, y en la capital no bastará el año del 500 Aniversario para solucionarlo todo. Ardua y prolongada será la  batalla por hacer una Habana mejor, más maravillosa y en ella deben tener un rol importante los gobiernos locales, cuyo estilo de trabajo debe permitirles vislumbrar los problemas a resolver en el territorio y con sus recursos priorizar en función del bienestar de sus habitantes los más inmediatos.

Ilustro con un ejemplo mis palabras y voy a referirme a algo tan serio como la seguridad vial, cuyas cifras anuales de heridos y fallecidos nos impactan y deja un sinnúmero de secuelas en las familias.

Con beneplácito vemos cómo se arreglan baches, se asfaltan avenidas y calles, todo lo cual contribuye a una circulación más segura de los vehículos, pero ¿cuál es la vía del peatón?

Claro nos queda que son las aceras la vía para que se trasladen quienes andan a pie y usen la calle solo en los cruces hacia otra, pero hoy en día, con una población que envejece y presenta las limitaciones físico motoras propias de la edad, vemos como tramos de las aceras, más que dar vía segura, se convierten en barreras que obligan al peatón a transitar por la calle poniendo en riesgo su integridad.


Esta imagen nos muestra la ruptura de la acera levantada por una raíz desde hace ya algunos años y que es vía de acceso a lo que ven en el fondo, la consulta y sala de fisioterapia de un policlínico entre las Zona 1 y 5 de Alamar.

En esta pueden ver a una anciana que imposibilitada de salvar el obstáculo anterior toma la calle por donde circulan los vehículos en ambos sentidos, entre ellos cuatro rutas de ómnibus, una de microbús y vehículos de todo tipo, arriesgando su vida.

Este ejemplo, aunque del Municipio Habana del Este, podemos encontrarlo de diferentes formas en cualquier territorio de la capital.

 Hacer de nuestras aceras un lugar seguro para el tránsito de la población debe ser también un objetivo para hacer de nuestra ciudad un lugar más acogedor, más maravilloso.

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