Julián del Casal en la poesía cubana de todos los tiempos

Julián del Casal. (Foto: Cubanet)
Julián del Casal. (Foto: Cubanet)

Precursor del modernismo literario cubano, Julián del Casal (1863-1893) ocupa lugar de privilegio en el parnaso de los poetas del siglo XIX.

Excéntrico como pocos, o tal vez muy singular como suelen ser los verdaderos poetas, fue un romántico que prefirió vivir a su manera y desafiar las convenciones al uso.

Su vida, si bien marcada por un profundo pesimismo que taladra la raigambre de sus versos, fue igualmente crónica extraña donde el azar jugó su rol y la personalidad del artista puso su acento. Enfermo desde niño, huérfano de madre a los cuatro años, la muerte era parte consustancial de su vida.

Es conocido su irónico desenlace vital. La noche del 21 de octubre de 1893, mientras cenaba en la casa del Dr. Lucas de Santos Lamadrid, alguien dijo un chiste. Casal lanzó una carcajada, acto seguido cayó sobre la mesa mientras se ahogaba en un vómito de sangre.

Julián del Casal tuvo pocos amigos, pero atesoró con otros la lealtad del afecto sin trabas. Por ejemplo, mantuvo una cordial amistad con el escritor Esteban Borrero Echeverría. Asistía a las tertulias en casa de este señor, donde gozó del apoyo y el cariño de un grupo de jóvenes discípulos. Estos encuentros traerían aparejada una nueva casualidad en su existencia: allí conoció a Juana Borrero y con ella dio lugar al nacimiento de una intimidad platónica de fuerte intensidad.

Algunos de los contertulios asistentes a las lecturas de versos consideraban este vínculo como profundamente espiritual, sin otras resonancias terrenales. Quedaría como legado de esa relación un poema antológico en la literatura cubana.

Casal fue un admirador fervoroso de los poetas malditos. Su mayor aporte a nuestra literatura fue en el desarrollo del género lírico a través de sus conjuntos estróficos marcados por una técnica impecable, la plasticidad de sus imágenes y la armonía acentuada de su poesía: elementos renovadores en el panorama de la literatura cubana de fines del siglo XIX.

Por otra parte, su prosa es brillante; aunque no ha sido suficientemente divulgada. En esta vertiente se le considera como uno de los mejores narradores costumbristas cubanos de aquel siglo. Sus textos subyugan aún hoy en virtud de su colorido, melancolía y los tópicos orientalistas, tan del gusto de una no desestimable zona de la poesía cubana decimonónica.

Nació en La Habana el 7 de noviembre de 1863 y allí vivió la mayor parte de su vida. Su legado se disemina en la obra romántica de los artistas de su generación y de los que vendrían años después, en el periodo de vanguardias literarias, a renovar desde sus cimientos el portentoso edificio de la poesía cubana.

 

moda/rm

 

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