Parejas unidas por el poder de la danza

La compenetración, talento y prestigio del dúo de ballet forjan un profesionalismo matizado por el carisma y la elegancia imposible de arrebatar o crear por los medios de comunicación. Bastan los testimonios, las fotografías, los aplausos, el desempeño…

Actualmente resulta incuestionable la influencia que ejercen los medios de comunicación sobre la construcción de conocimientos y estereotipos. Pero una de las imposibilidades de los medios, por muy poderosos que estos sean, es la creación de una estrella de ballet. Ella nace por sí misma.

Entre todas las figuras esbeltas, cuyos físicos perfectos y armónicos son difíciles de igualar, sobresale la estrella, la primera figura que emerge con su aureola mística, su carisma, su personalidad que no descansará hasta el final de su carrera.

Surge entonces una primera figura, ya sea hombre o mujer, que necesita de su pareja para interpretar diferentes roles. Una química debe experimentarse entre ellos y debe ser transmitida al público.

Entre los dúos de ballet más importantes y compenetrados que ha tenido Cuba figura el interpretado por la prima ballerina absoluta Alicia Alonso y el ruso Igor Youskevitch.

A pesar de que Alicia había perdido visión periférica en el año 1958, su pareja de baile la ayudó para que no equivocara sus movimientos.

No por gusto los expertos destacaron que su compañero hacía un trabajo impecable para que el público ignorara la discapacidad de la bailarina. Él se volvió experto en marcar sutilmente el espacio con sus brazos, para que ella no saliera del centro del escenario.

Años antes, en 1947, Alicia había confesado que Youskevitch era su pareja ideal. Juntos bailaron durante 14 años.

Antológico también es el dúo de los bailarines cubanos Amparo Brito y Lázaro Carreño, quienes recibieron en 1983 la Medalla de Oro por parejas y las máximas distinciones individuales en el Concurso Latinoamericano de Ballet y Coreografía de Brasil.

Una pareja que ha compartido múltiples escenarios nacionales e internacionales es la de Viengsay Valdés y Joel Carreño. A pesar de que la bailarina ha tenido otras parejas en la interpretación de diferentes roles, reconoce que le es grato bailar con él y lo siente muy cercano. A él lo admira como bailarín y como  persona.

Al igual que las parejas que se acercan por amor, las de ballet comparten los gratos momentos del reconocimiento y se dan aliento en los más difíciles. Lograrlo los convierte en modelos antológicos de una compenetración que se vuelca en los magníficos desempeños.

La compenetración, el talento y el prestigio del dúo de ballet, fortalecido mediante el sacrificio cotidiano al que obliga su carrera, forjan un profesionalismo matizado por el carisma y la elegancia natural imposible de arrebatar o crear por los medios de comunicación.

Bastan los testimonios, las fotografías, los aplausos, el desempeño…

 

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