Jaime Sarusky, ejemplo de vocación creadora

Jaime Saruski. (Foto: Trabajadores)
Jaime Sarusky. (Foto: Trabajadores)

Jaime Sarusky constituye un ejemplo de vocación creadora. Dueño de una entereza a prueba de obstáculos, su vida como escritor ha transitado por diversas etapas que lo han convertido finalmente en el referente de la literatura cubana contemporánea que es en la actualidad.

La trayectoria de Sarusky ha sido fecunda como los seres creados por su imaginación artística. Miembro fundacional de la literatura cubana durante los años 60, su talento artístico desbrozó inéditos senderos en los agitados rumbos estéticos de la nueva novela que, en su caso, se apartaría de moldes narrativos acomodaticios o temáticas acartonadas.

Dos de sus novelas, La Búsqueda y Rebelión en la octava casa, significaron en su momento un espaldarazo al doctrinarismo de ese periodo; experiencia que el escritor materializaría a través de personajes intensos, sacudidos por contradicciones, algunos de ellos presas de conflictos generados en épocas anteriores, pero extensivos en sus comportamientos al ámbito de las realidades de la década del 60.

Reinaldo González, eminente escritor y ensayista cubano, ha enfocado con acierto el ámbito humano de La Búsqueda: “El panorama existencial (de esa novela) y su músico descentrado -personaje principal-, un agonista unamuniano en el trópico, correspondió a una exactitud temática desconocida en las letras cubanas de su momento”. Y agrega, rotundo: “fue su manera de retratar el quietismo, la asfixia, el conflicto entre la realidad y un deseo irrealizable lo que lo convirtió en un autor necesario”.

Un aspecto significativo en la obra de Jaime Sarusky se revela tras su activa participación en diferentes géneros y temáticas: desde un periodismo excelso que mediante crónicas terminó identificando su personal estilo; hasta novelas, narraciones cortas y el cultivo de asuntos poco explorados en las vertientes de la historia, la música, el teatro y la pintura.

Esas prácticas artísticas, teñidas de lo que hoy podríamos denominar interdisciplinariedad, fueron conduciendo al intelectual cubano por espacios tradicionalmente reservados a antropólogos; en ese sentido, sus inmersiones en comunidades y asentamientos extrapolados a la insularidad caribeña reveló mundos y territorios fabulosos, inusuales y atractivos. Libros como Los fantasmas de Omaja y La aventura de los suecos en Cuba, son dos ejemplos inapreciables de ese tipo de incursión exploratoria, más cercana al ensayo que a la ficción propiamente dicha.

Otros títulos merecedores de estimación crítica en la obra de Sarusky son Un hombre providencial, novela ganadora del Premio Alejo Carpentier. Una vez más el creador se lanzaba en aguas profundas al concebir un héroe negativo colmado de matices. En este caso, nacía al mundo ficcional William Walker, un mercenario al servicio de los Estados Unidos.

La trayectoria de este artista cubano ha sido un periplo consagrado a las letras; bien sea en el rico universo de la ficción o en el no menos difícil y apasionante mundo del periodismo, al que ha entregado cientos de valiosas contribuciones.

 

moda/rm

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