Aquel 28 de septiembre

Quizás hoy algún anciano evoque lo vivido aquella noche de un 28 de septiembre, cuando unos petardos no lograron dispersar la multitud frente a la Terraza Norte de Palacio, sino sólo consiguieron unirla mucho más… y para siempre.

Recordará el anciano que entonces la unidad comenzó a andar de cuadra en cuadra y barrio a barrio, y los vecinos de siempre tuvieron desde aquel 28 de septiembre algo nuevo en común: defender con su vigilia colectiva su derecho a soñar.

Todo fue diferente a partir de aquel 28 de septiembre que convirtió en trinchera cada madrugada insomne, a fuerza de patriotismo y sorbos de café. Y hubo amaneceres de venas generosas ofreciéndose a la vida; y mañanas de vacunas protegiendo la esperanza; y mediodías de faenas compartidas a partes iguales entre el sudor, las escobas, los rastrillos y el deber de hacer más hermoso el más cercano y entrañable pedacito de país.

Hoy tal vez algún abuelo rememore aquel 28 de septiembre de 1960 que se hizo historia entre el estallido de petardos, la convocatoria del líder viril y visionario, y el clamor decidido de la multitud que respaldó su llamado a defender la Revolución en cada porción de la Patria.

Un 28 septiembre que se ha empinado sobre sí mismo cincuenta y nueve veces, para que de cuadra en cuadra y barrio a barrio se siga abriendo paso el porvenir.

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