Una joya de la escultura: el Nuevo Cristo de la Vera Cruz

En la sala de concierto de la Basílica de San Francisco de Asís -en la zona patrimonial de La Habana- se halla la obra  magnánima del habanero Octavio Aruca Vázquez,  el Nuevo Cristo de la Vera Cruz, el cual esta expuesto en un cedro reluciente

La escultura es una representación de uno de los grandes hitos de la historia universal e integra la colección del Museo de Arte Sacro de la Oficina del Historiador de La Habana.

Para esta talla tridimensional y monolítica en cedro (240 x 160 x 60 cm), el artista graduado de la bicentenaria Academia de Bellas Artes San Alejandro en la especialidad de escultura estuvo auxiliado de varios especialistas para el acabado óptimo de la pieza.

A diferencia de otras crucifixiones escultóricas de Cristo, la de Octavio Aruca Vázquez carece de tintas y pinturas en la superficie del cuerpo y el de la cruz. Ésta tiene el colorido real del cedro aunque el betún de Judea se aplicó a algunas porciones de la figura que se visualiza en el centro mismo de la sala de conciertos de la Basílica menor del Convento de San Francisco de Asís donde convergen la música clásica y contemporánea, las artes visuales, la historia y la arqueología.

En el Nuevo Cristo de la Vera Cruz afloran códigos que parten de una tradición como son un hombre crucificado con tres clavos, fenecido, con la corona de espinas, semidesnudo y con la inscripción latina INRI pero el esculpido por Aruca Vázquez está desprovisto de elementos naturales como pelo, ojo de vidrio y tela y,  convence, sobrecoge por el realismo de cada una de las partes, las ondulaciones de la madera donde se intuye la agonía y el sufrimiento.

Los especialistas hablan de la idoneidad de la postura anatómica del Nuevo Cristo de la Vera Cruz y que al encantamiento contribuyen la asimetría lumínica incluso de los rayos del sol que en el ocaso caen de forma perpendicular sobre la obra de arte que tiene apropiaciones personales del escultor capitalino sobre uno de los Cristos que sirviera en sus días para el Vía Crucis habanero.

Tradición y creatividad se integran en una vieja viga de cedro convertida en una verdadera obra de arte para la contemplación del Nuevo Cristo de la Vera Cruz de Octavio Arauca Vázquez la que se halla en la Basílica menor del Convento de San Francisco de Asís, en la sala de conciertos y sede de la Camerata Romeu, en la zona patrimonial de la bella y noble Habana nuestra, Ciudad Maravilla del mundo moderno.

 

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