Sindo, una perla de río

Este viernes se cumplieron 150 años de uno de los íconos de la canción cubana

Sindo Garay. (Foto: Internet)
Sindo Garay. (Foto: Internet)

Por: Ana Margarita Sánchez Soler (asanchez@enet.cu)

Este viernes se cumplieron 150 años desde que naciera uno de los íconos de la canción cubana. Como hombre de guitarra y trova, tuvo la virtud de emocionar a gentes de todas partes y de muchos tiempos. ¿Quién ha de dudar que Sindo Garay fuera una de las joyas más valiosas en la colección de juglares criollos?

La canción y la trova, eternamente enlazadas, tienen en él a un hacedor ilustre formado entre silbidos y rasgueos de cuerdas; porque desde que el pequeño Sindo abrió los ojos, encontró seres que llevaban la virtud de la música en cuerpo y alma.

No es de extrañar que de aquel hogar muy pobre, pero asombrosamente musical en Santiago de Cuba, obtuviera Garay las primeras dosis de una sensibilidad que emplearía para ofrecer a su Isla un sinfín de canciones.

Dicen que Sindo creó más de 600 piezas y que en ellas la palabra mujer adquiere aires difíciles de hallar en la obra de cualquier otro compositor. Nadie como él para lograr ese abrazo perfecto entre palabras diáfanas y sencillas con las que describir los atributos femeninos.

La canción de Sindo Garay es limpia, nada altanera, rara vez pretensiosa. Sus letras acarician con una suavidad que nació por vez primera entre las aguas de un río. Siendo adolescente apenas, el trovador se refugiaba a las orillas del Guaso y al ritmo de una corriente noble dejaba caer al agua sus primeras inspiraciones.

Embelesado por los verdes del campo y los ojos saltarines de una bella dama, hizo Sindo su primera canción. Luego acudiría incontables veces al mismo paraje en busca de aquella afortunada capaz de obligarlo a escribir canciones.

Al genio creativo de Sindo se deben las antológicas piezas Perla Marina, Labios de Grana, Retorna, Mujer Bayamesa y Guarina; las cuales han tenido el favor de valiosísimas interpretes cubanas. Basta citar a Miriam Ramos y Argelia Fragoso, dos exponentes de la canción que tocaron con sus manos el semblante mismo de Sindo.

Garay tuvo el enorme privilegio de ser guiado por el maestro Pepe Sánchez, precursor de la trova, de esa muy vieja que desata las nostalgias por la música y que tomó a Sindo como uno de sus más fieles amadores. Nadie como Pepe disfrutó los acordes de su discípulo al escucharle dar las primeras muestras de verdadero talento.

Sindo ha compuesto el alma de Cuba que es lírica y es popular. En su voz se hayan canciones que fluyen como el agua dulce de aquel río que ya se volvió pequeño ante esos afluentes del cantor capaces de bañarlo todo.

Celebremos a Sindo, que es como alabar lo mejor de nuestra canción.

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