Alina, derroche de vida

La contribución de Alina Rodríguez al cine fue intensa y diversos títulos fílmicos dan cuenta de ello.

Por Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu

La Habana.- Alina Rodríguez disfrutó la fama que todo artista sueña: la que brota del corazón de su pueblo y luego aquella que los expertos consagran gracias al talento. No siempre se aúnan ambos quilates en la carrera de un creador.

Nacida un día el 4 de octubre de 1951, la carrera de Alina Rodríguez fue un remolino de experiencias diversas donde la autosuperación fue siempre meta frente a cualquier obstáculo. Ella misma podría haber encarnado como personaje en cualquiera de los magníficos roles que interpretó durante más de 30 años de desempeño actoral

Hoy la recordamos como siempre, dueña de una obsequio

sa sonrisa capaz de cambiarle el día a cualquiera. Tales eran su vitalidad y optimismo; al mismo tiempo, una sensibilidad que le permitía interpretar roles diversos de registro humorístico y dramático. Se nos fue en plenitud de formas, pero su huella la ha sobrevivido.

Graduada en 1982 en la Licenciatura de Artes Escénicas del Instituto Superior de Arte, a lo largo de su carrera interpretó nutridos personajes en teatro, televisión y cine. Sus actuaciones en Contigo pan y cebolla y en la telenovela Tierra Brava significaron hitos definitivos en su consagración nacional e internacional.

Otro de sus méritos fue la esforzada labor pedagógi

ca desde las clases de actuación, ejercicios siempre recordados por sus alumnos, muchos de ellos devenidos amigos personales. Y, por supuesto, talleres comunitarios donde se entregó con igual tesón a empresas difíciles y en sitios de espinoso acceso. Su participación en el grupo Teatro Estudio añadió nuevos ingredientes a su carrera al poder disfrutar del contacto directo con muc

hos de los mejores actores y actrices del patio.

La contribución de Alina Rodríguez al cine fue intensa y diversos títulos fílmicos dan cuenta de ello: Otra mujer, 1986, dirigida por Daniel Díaz; Alicia en el pueblo de Maravillas, del mismo director; María Antonia, a cargo de Sergio Giral; entre otros muchos largometrajes que reflejan su entrega absoluta a la gran pantalla.

Pero desde luego, su personaje de Lala en Conducta, el aclamado y premiado filme de Ernesto Daranas, terminó por lanzarla al estrellato definitivo. Pocas veces se ha

visto un estremecimiento unánime del público frente a la labor de una gran actriz devenida simbólica maestra cubana.

Gracias Alina por tu derroche de vida. En realidad, te has quedado entre nosotros.

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